jueves, 5 de noviembre de 2015

Hastío.

El pesado aire está colapsando mis pulmones. A duras penas respiro. La brisa se empieza a convertir en necio y árido polvo. Mi tragicomedia se ha atorado a una garganta desvalijada. Busco vida en mi epicentro, obviando que pronto la magnitud será de nueve. No hay forma más inútil de perder el tiempo. Me creo que salvarse es ordenar tropecientas veces lo mismo. Y no. Ni hablo ni escucho ni dejo que el viento me rodee. Es entonces cuando todo es más cutre que nunca. Cuando me oigo morirme y paso de largo. Sueno a canción de piano arrastrada por las olas. Ese es mi sitio, el no tener sitio. Siempre me fundo en el mismo cuerpo. Me lo llevo todo al infierno, luego lo dejo de nuevo volar, así, de esta manera, nunca me lo quedo. ¿Ves? ¿Me ves? Ya me he ido. Ya he huido. Ya estoy volviendo. La rutina me empapa de odio.
Escribo siempre sobre el mismo laberinto, sobre mi coherencia deshilachada, sobre tantos pasos en falso. Me repito más que la prensa rosa.

viernes, 23 de octubre de 2015

Amor maldito.

Puede que la solución sea despojarme de deseo. Arrasar mi propio cauce, desbordarme, que mi caudal reviente y con él se disipen las contrariedades. (Pero, ¿cómo? Yo soy la mayor contrariedad. Mi defecto más aceptado.) Entonces, no escucharía cómo la escacharrada bombona de sangre centrifuga mis aristas. La paz me acariciaría los dedos de los pies con prudencia, no sentiría el ímpetu de lanzarme sin prever las consecuencias. El murmullo del sueño me acorrala. Parece que algo va a estallar sin estallar nunca. ¿Me explico? Bueno, en verdad me da igual no hacerme entender.

Escucho mi propia cuenta atrás decreciendo y estirándose -como las mareas- sin reventar nunca. Ven y termina de ahumarme de negro con tu luz celestial. No me rompas a medias. Tan involuntarios tus actos cotidianos. Tan involuntaria mi pena. Corre. Hazlo al completo. Quiero ser las trizas de una hoguera, la última exhalación de la muerte, oler a madera vieja y luz rota. Ser la triste morada de una estrella, un anaranjado atardecer manchado de sangre. Esa ola que se lleva por delante cualquier acantilado en calma y toda una lista de ojalá's. Recordarte lo justo. Embestir contra la vida y ganarla.

No sé disimular
ni escribir
ni improvisar.
Estoy demasiado entretenida planificando cataclismos. Imaginando a cuanta intensidad asciende cada palo. Qué agonía con sabor a miel. Cuánto hastío. Cuánta pasión. Cuánto contacto negado.

Nadie comprende. Tampoco las malditas, inertes y estúpidas hojas. Me limito a plasmar mi estela desbaratada. Son el lecho de mis miles de defunciones y renaceres.

No quiero amor. Soy espontánea, supongo. Prefiero que éste explote a mi vera mientras me río si sus vísceras  aterrizan contra el suelo. Que explote y muera explotando. Y deje toda su sangre en el pavimento. Y que los enamorados canten grosero a sus cutres amadas. Y seguirán, cómo no, sonando solitarios suspiros entrecortados en mi cuarto. Que siempre es la misma película. Que siempre soy lo mismo. La misma.   Aislarle, privarle de bocas y susurros con olor a carmín.
       En definitiva,
          quiero que el amor  
               sufra tanto como yo.

sábado, 10 de octubre de 2015

Lista de brechas.

Tendría que estar sumida en un sueño absurdo, pasional, roto, carnal, enteramente ficticio, perecedero, y no.

Escribo porque.
Mira, no sé, necesito que me eleven, que mis pies se liberen de sus jaulas, levantarme, más  arriba, así, ¿ves? Subir tanto que no me den miedo las alturas. Subir aún sabiendo que si corazón  y silueta atraviesan el suelo, huele a letal y palpo añicos de mi ser en una calzada, no ha sido en vano.

Escribo porque.
Los segundos se marchitan grises, se despiden sin un pañuelo blanco, grises las horas muertas me abrasan. Soy un gris teñido del color de las flores.

Escribo porque.
La incertidumbre me deja tendida, inmóvil, apalancada en la cuneta del progreso. Me observo y, aunque a veces dude, confío, me enfrasco en el títere de mi cuerpo como refugio. Un refugio sin protecciones ni manuales ni principios ni cordura. A pesar de ello, incluso siento una golosa sensación de soledad placentera, eterna, dormida. Me amo con todo el posible odio.

Quiero y deseo y no puedo y ni por asomo lo intento. Hundo tantas veces mi barquito de papel con tal de encallarme a tus piernas.

Escribo porque.
No siento nada. Te recuerdo. No siento vida en mi aorta, tampoco un cementerio de árboles desnudos. Tan tú. No hay hogar ni cimientos, aún con muchos mares en calma no hay paz, tampoco revuelo, gris, sí a la incoherencia.

Siento cómo lloran pupilas sin soltar una mísera gota. Escribo porque algunos estamos enfermos de existencia, contagiados de un amor ridículo. Somos incógnitas que nadie viene a despejar. Somos sin ser camino en el que pisar y dejar una tímida  huella.

Escribo porque.
Es mierda al fin y al cabo todo esto.
No se me da bien despedirme.

domingo, 4 de octubre de 2015

Decadencia.

Apenas acierto cuando desdibujo tu ropa y la tiro al suelo, ya sabes, como si solo me quedara una noche de vida. Y quisiera hacer volar por los aires las limitaciones, la moderación y las señales de precaución. En mis últimas horas me aguachinaría de vicio. Créeme. Calaría mi mente de luto, me guiaría la bombona de mi pecho. Chillaría que te quiero en cualquier arcén de metro rodeada de putrefactos corazones. Engulliría todos mis papeles para no dejar en un cajón las penas que sobrevuelan mis venas y se incrustan con frialdad.

Desaparece,
no,
así no,
no te muevas,
quédate siempre
digo.

Todos nos sentimos muertos,
somos ocasos en las manos incorrectas,
la crónica de un suicidio,
una cuerda rota.

Diría que no me importa.
Sé mentir,
a veces,
casi nunca,
en una urgencia premeditada.

Me censuro,
precinto mi ser,
bebo mucho café,
ataco a los partidos políticos
y me dejo llevar.

Todos desembocamos en el mismo sitio. No existe cielo o infierno alguno, simplemente los rozamos con el meñique de vez en cuando al salirnos de nuestra realidad ficticia. No pretendo que nadie me entienda. Puedo cambiar la misma frase setenta veces y referirme a lo mismo. No consigo nada por ello. La daga del amor sigue acorralandome con esa risa de catálogo. Si se va, vuelvo a buscarla escopetada. Necesito que me apuñale definitivamente, que deje los jodidos amagos de ruina infinita.

No quiero perderme por cualquier falda, ni que la mayoría de fragancias me envuelvan de deseo. Es mejor quemarse que apagarse lentamente. Ya lo dice Kurt Cobain.

martes, 22 de septiembre de 2015

Positivo martes.

Me siento afortunada.
Hay momentos que son luz,
te zarandeas en una cumbre idealizada,
crees tener poder,
tu corazón suena a risa.
Nada te para,
nadie se entromete,
eres tú y tu energía.
Rozas esponjosas nubes de placer con los dedos.

Y te das cuenta de que la vida es más incoherente que tú.
Respiras paradoja,
te mueves a deshora,
discuerdas entre el gentío.

Somos cima y fosa.
Aire e inigualable bochorno.

Creo que hay que encontrar la armonía de las horas dulcemente caóticas.

Tengo suerte.

Conozco a personas que son la savia que necesita mi árbol pelado de hojas. No se van aún con quince motivos atados a la muñeca y la puerta delante. Y eso que desnudo con mi huracanado viento, y me cuelgo de sus ramas de puntillas, y lleno de quejas cualquier tronco, y les recuerdo que a poquitos soy comprensiva, y en exceso, tóxica. Por si no lo recordaban. Y siguen sin hacer las maletas.

Las letras se han incrustado por todo mi cuerpo.
Me han elegido.
No hallo deleite sin palabras.
Ni ganas de vivir sin libros.
Hago míos los espacios en blanco.
Acicalo emociones.
Me sumerjo en mis inexpertas creaciones.
Me desembarco de lastres para seguir sumida en ellos. Mientras que me río del elenco de pacotilla de esta obra de teatro.
Improvisamos como animales. Lo destrozamos todo como animales. Intentamos que vuelva a ser. O a estar. O a parecer pasado. Y ya no hay vuelta atrás.

Los papeles son mi yo inédito en líneas. Me queda eso. Siempre eso.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Me desenmascaro.

No me importaría que una tormenta perforase cada uno de mis poros. Pensar solo en empaparme. Pasar frío. Piel de gallina. Mojarme hasta las costillas. Quedarme desnuda como si un pintor quisiera plasmar mi esencia. Pisar charcos con mis descuidados pies. Chillar al encapotado gris que no me asusta. No ser. Abandonarme, dejarme varada en el pasado. Seguir gritando. Ahogarme en mis lacrimales. Calarme de diluvio y no de pena. Sumergirme. Buscar el tesoro. Tragar agua. Encogerme con pasividad. Atragantarme. Ser arropada por un trueno. Reírme fuerte. Muy fuerte. Reírme falso. Reírme sucio. Hacer ruido. Llenar la calle de ruido. Hacerme ver. No, no hay nadie que me vea. Ahogarme porque mientras me ahogo solo pienso en salvarme. Me doy otra oportunidad de las noventa y nueve que ya he mendigado a la manga. Me invado de cursilerías dichas en voz bajita (por si surte efecto). Dar patadas a la borrasca en vez de propinar golpes a muros de hormigón. No sangrar, no gritar, volver, secarme, vestirme, maquillarme, pensar en lo de siempre, hablar más que de costumbre. Ilusionarme con económicas conversaciones. Comer como si no hubiera un mañana. Reírme verdadero. Reírme limpio. Neutralidad. Agobiarme. Sacudirme en mi maraña de pensamientos que taladran. Que la rabia me sofoque. No entender nada. Enfadarme. Portazos, palabrotas. Desesperarme porque sigo sin entender nada. El corazón no para de rajarme las arterias. A veces me descompone y no lo noto. Chillar que estoy asustada. Quejarme. Pillar a un inocente individuo y cantarle las cuarenta. Que se crea que estoy loca. Huir porque quedarse significa mantenerse. Ahogarme. Seguir gritando. Las gotitas se abren camino entre mis mejillas. Arroparme. Dormir y sentirme muerta. Levantarme, ser ojeras, ir al espejo. Ser de nuevo. Ser con énfasis.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Existo.

Un universo late en mi pecho. Soy incapaz de interpretarlo al detalle, pero sí de sentirlo. Suena como un murmullo desinteresado. Algo ruge porque desea ser escrito. Desconozco coordenadas, causas y consecuencias. Vibro. Suena. Mi alma es ese vagabundo que busca amor en besos. Escucho. Nadie oye.

Rastreo pasión inexistente.
Me rasco las entrañas y me obligo a querer antes de quererme.
Y me obligo a querer a quien no quiero.
Musa solo hay una.
No soy poetisa.
Musa,
      una.
Dos son multitud.
Dos es no retratar a ninguna.
Mejor que Beatriz para Dante. Huracán y paz. Vendaval de palabras y silencio. Es marcha, energía contenida, potencia. Es pausa, flaqueza de domingo. Es una rompecorazones compasiva. Seca, cortante, huye del contacto. Se derrite en manos contadas. Es pasión en corazón azul. Grito arrancado y susurro. Musa a la que quieres con odio. Trabalenguas, lioso laberinto. Ella es poesía, melodía, brisa de verano.

Vibro. Suena. Cada palabra me salva menos. Voy a bañarme en el rojo de mis sesos. Quiero irme. De mí, digo. Volar porque bajo esta corteza de nácar la libertad se ve limitada.

Son casi las tres de la mañana.
Escribo más rápido que nunca. No pienso en lo desaliñado que empieza a parecer este monólogo de letras rotas. Ni en el atractivo que alguien puede apreciar en un batiburrillo de vida perecedera. El miedo desgarra la conciencia. Me apalanca los actos. He estirado tantas veces el hilo de la estabilidad. Ya no es más que una amorfa hebra de diseño. Los años hacen todo polvo. Nadie me arropa el alma podrida con nanas de niña pequeña.

No soy un ángel de catálogo. El malo no es tan malo como parece. El bueno esconde sus hamartias bajo esa supuesta figura valerosa. El malo suele ser feo. El bueno, apuesto. Y no. Clasificarlo todo es propio de ignorantes asustados que necesitan encajar en un grupo.
No me encasillo. No sé hacerlo. No pertenezco a ningún lugar. Voy. Y vuelvo. Y me escondo de pupilas acechantes. Y me mantengo. No sé si cuerda. Y vuelvo a ocultarme. Me estoy muriendo. Y vuelvo a la vida. Y me consumo cuando menos quiero. Y vibro. Y suena. Y oigo silencio. Y me vuelvo loca. Escribir tanto me ahoga. Un ser me agarrota el cuerpo. Me he enamorado de la sensación de destrozarme las vísceras y remover rotos con un bolígrafo.

No guardo rencor. No sueño con hecatombes que hagan volar inválidos cuerpos. Ya no. Todos acabamos muertos de todas formas. Me rodea un atropellado egoísmo con la excusa barata de la mera supervivencia.

Si me sincero;
mi cabeza y mis nudillos han encendido hogueras,
me han prendado unas curvas con apellidos
y no sé andar con esbeltos tacones.
Si me sincero, no sé cómo vivir.

martes, 1 de septiembre de 2015

Conviene darse cuenta.

"quiero que me relates
el duelo que te callas."- Mario Benedetti.

No suelo ser explícita.
Me enredo en mis enigmas.
Ni yo me descifro.
No existen mapas,
ni brújulas,
ni manuales.
Se necesita paciencia,
tres portazos,
diez u once de mis negaciones
a ensanchar el alma
para que puedas sumirte en ella.

Todo está arrasado.
Arrasado de amor,
de ganas.
Arrasado de vida,
de simpatía tímida.
Es una lucha encarnizada,
de intereses,
sin botiquines.
La batalla de pisar corazones.
Quien más masacra
no es el más fuerte.
Eso es lo único que he aprendido.
De desmembrar almas
con ápices de inocencia.
Es consumirse
sin terminar de morir,
morirte y seguir consumido.
O matar
porque necesitas volver a la vida.

Tregua.

No quiero ser tan bárbara cómo para aplastar porque a mí me aplastan. Los corazones necesitan manos protectoras, no puños rebeldes. Que sí, que nos han roto unas cuantas veces. Y las partes no se juntan. Y el cristal no tiene compasión.

Tregua.

Que aquí dentro duele y, por destrozar a otros, no me pongo la tirita y se soluciona.

viernes, 14 de agosto de 2015

Emergencias.

"A no ser que salga de tu alma como un cohete, a no ser que quedarte quieto pudiera llevarte a la locura, al suicidio o al asesinato, no lo hagas. A no ser que el sol dentro de ti esté quemando tus tripas, no lo hagas."- Bukowski.

Te has acercado casi tanto como para mutilar mis tres próximas inhalaciones. Tu aliento llena de bochorno el lóbulo de mi oreja. Es suficiente. Te siento a centímetros. Suficiente.
Y no te das cuenta. O no te da la gana.
Y te retuerces haciendo volar tus amoratadas piernas.
Y te recostas.
Y vuelves a dejar caer tu cuerpo.

Tienes la condenada capacidad de convencerme con un "¡quédate!" barato en expectativas. Más bien esa palabra no guarda algunas de mis perspectivas escondidas debajo de la piel, pero sí otras.
Quiero huir de tus redes pegajosas. Evitar roces y tu piel tersa tripulando otros cuerpos.
Mis órganos arden y se apagan a un ritmo de película.
Ando dos pasos. Suplicas. El tercero y cuarto empiezan a ser complicados. El quinto imposible. Me detengo en medio de la estrafalaria acera, y miro una señal de tráfico más estrafalaria aún. Mis entrañas aúllan cada vez más fuerte. Lo disimulo con talante decidido, postura recta.
Y sigues en tu mundo de amores pasajeros y viajes por camas.
Y prendes.
Y espolvoreas ceniza en el asfalto.
Y me entran ganas de propinarte todo el odio del mundo en trece segundos. Antes de conseguirlo, recuerdo que te quiero un poco más de lo que te odio. Te has vuelto a salvar. Me siento como un mago al que se le han olvidado todos los trucos en medio de una actuación.

Me giro. Has ganado otra vez. Sé que volver a acercarme implica que el alma se me escurra de cuando en cuando.

Me exprimes, cómo quien más, para luego venir a socorrerme. Bajo de la ambulancia de tus ánimos. Me auscultas el pecho con desesperación entre tus piernas. Barajas la opción de primeros auxilios y la llevas a cabo. Oleada de paz de tus manos. Dices cosas que no entiendo. Creo volar con mi cuerpo postrado y sudoroso.
-Ya sé tu diagnóstico,-sentencias con resolución-, alguien te lo ha causado, y no por contagio.

jueves, 30 de julio de 2015

Consideraciones.

"Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes a tus ojos oceánicos."-Pablo Neruda.

Ayer vi una película de madrugada. "Blue is the warmest colour". Significa que el azul es el color más cálido.
Mecánicamente, he abierto un cuaderno, de más de un lustro, por el borde azul mar.
Sin ton ni son.
Y escribo.
Sin ton ni son.
Ese no es el caso. Tengo el máster de irme por las ramas con sandeces.
       Corrijo. Todo lo que tengo que decir son majaderías ordenadas poéticamente de indoloro a un pleno de bolos en las vísceras*.

Atención:
    Hay una situación más bien precaria de caricias.
Estoy de acuerdo con Rayden; el beso tendría que valer como divisa.

Es hora de desdibujar miedos y fronteras en corazas ajenas. Bailar en bragas. Calarse de gotas el pelo enredado. Leer, sentir, mantener. Cortejar a las alturas con los pies en el asfalto y una lista de precauciones en el bolsillo. Quitarse de encima el petróleo de las excusas. Hacer, deshacer, creer. Matar e/al tiempo con deseos. Atentar contra las azoteas del olvido.

»Olvido no tiene a Amnesia. Diagnóstico fallido. Ocurre que Olvido la llama a gritos para que se acerque y le mire con sus ojos perdidos. Es probable que Olvido se haya quedado prendado de su cubierta de papel agujereada. O le perturbe la nota que Amnesia se pega a la muñeca: "No olvidarme de pensar en que debo acordarme de recordar." No le importa que Ella meta sus recuerdos en un saco y los tire al mar a cambio de su amor ficción por la fricción de cuerpos. Es como desprenderse de las cenizas de un cadáver que amaba subirse a la proa del barco. Todo se ha resumido "en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada." Si Amnesia no puede memorizar, hará que el resto tampoco pueda.
  Los recuerdos y los cuerpos acaban en el mismo sitio.
   
          En la nada.

          Descompuestos.

Ni todo es tan bueno, ni todo es tan malo.
Tendemos a pintar los días con acuarelas ambivalentes. Ni siquiera el agua parece clara. Complicaciones de gente mayor.
Tan difíciles de interpretar como inútiles.

Necesito que alguien riegue mi jardín para que nazcan enredaderas de alegría. Que se adhieran al gris y me hagan cosquillas en las costillas si Soledad se posa a mi vera.
Estabilizarme. Sentir y actuar en unidades de medida correctas a mi persona. De lo contrario se obtiene la manera directa e inconsciente de atacarse.

miércoles, 22 de julio de 2015

Pasión grisácea.

Tu amor es como hacer las maletas después de marcharse sin haber estado.
                   O peor, sin haber sido.

No fueron mis ojos los que provocaron el desastre. Los tuyos fulminan aunque mire por el rabillo del izquierdo. Aclaro esto. Que te fulminen es ser vencido cuando te vistes con todas las de ganar.
No me enamoré de unos ojos. Supongo que me vició perder todas las batallas cada vez que volvía a asegurar con el rabillo izquierdo que no me mirabas. No te posas en mi tez y me consumes la valentía sin contacto.
Hay que esmerarse para explicarlo.

Parece que te vas sin quedarte. Te asemejas a los individuos que sumergen los pies en la orilla sin bañarse.

Me marchitas las entrañas más que cuarenta otoños en cadena.
Florezco sin que sea primavera durante tres minutos y medio para volver a morir. Y que revivas mi aorta.

Me has convertido en una flor asimétrica a prueba de (tus) balas.

domingo, 19 de julio de 2015

A(f/d)ic(c)ión.

Voy a ser concisa.

›Nací en noviembre,
el día catorce,
en un burruño de sábanas blancas
y olor a maternidad.

¿Ya me he descrito?

›Odio la vida
y también la amo
y me ato a ella
como pez al mar.

›Tengo dos Nerudas,
un disco digital,
una figurilla de la Torre Eiffel
y un cactus de ganchillo.

›El desamor
ha mojado de distancia
los cuerpos,
mi buena suerte y las ganas.

›No tengo canción favorita,
ni bailo el agua
ni bailo a alguien
ni alguien me baila.

›Me gustan las letras,
no soy poetisa,
no sé rimar
y aún así planto versos (malos).
        Rectifico:
›Me buscan las letras,
me obligan a recrearme,
tengo mono de abstinencia
por lo que planto versos (malos).

La prosa me toca el pelo para que acaricie letra a letra todos sus recodos.
Soy una mandada (por desgracia).

Maldita escritura que, en vez de coser, despedaza.

No sé de dónde salen las heridas. Soy experta en abrir boquetes. Seguro.

Subo por una escalera de peldaños como cornisas que dan al fracaso. Todo es tan abrupto que no hay lugares de descanso a la vista.
Mi alma escarpada, corta. Fría con desiertos de cincuenta grados. Acostumbro a quemar todo y a huir con mis errores congelados bajo el brazo.

Voy a ser concisa.

La gente,
vive;
la gente triste
escribe mientras vive.

martes, 14 de julio de 2015

Traumas de la infancia.

La niña que odia septiembre
tiene los ojos rasgados,
ojeras desbocadas,
una nariz que respira tóxico
y unos pulmones anticuados.

Unos oídos llamados Ruido
que darían por Silencio
cuarenta orgasmos
en una noche de nostalgia.

Una boca que rompe
el hielo de los ascensores (claustrofóbicos)
derritiendolo con la lengua.

Un pelo con mechas marchitas
que quieren ser esa nube
en la que interpretar quinientas tres formas.
    De corazones a unicornios pasando por leones de escaparate.

Huesos punzantes.
   El corazón en el puño, destripado.
   Cosido mientras se destripa.

Lunares que se resumen en lujuria
para quien cuenta de diez en diez
y llena de cálculo mental
hasta sus calcetines.

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No sé si la ocasión lo merece.
La tinta abriga mis letras. He elegido que así sea usando bolis Bic ajenos y un bloc de notas destartalado.
Cuanto más esperas a que llegue la ocasión perfecta, más oportunidades desaprovechas.

Lo único que sé
es que quiero que mis días
pasen como sinfonías,
que limpie la lluvia
en vez de hacer rebosar.

Me estoy desviando. Odio desnudar mi alma en exceso y, sin embargo, acostumbro a poner todo lo que soy en bandeja a punto de sal. Romper la doctrina del introvertido. Ser directa es sinónimo de quedarme en bragas roídas en pleno otoño. Me siento ligera pero paso frío. Bueno, ligera relativamente. Escribir es como vomitar parrafadas y no quedarte nunca satisfecho. La enfermedad incurable de un inconformismo que se expande como virus terminales. La destrucción viene asegurada en el catálogo.

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A lo mejor a la tercera va la vencida. O gasto el infinito en vano.

Tengo causas concretas por las que odiar septiembre. Es imposible elaborar un diagnóstico sin inspeccionar al enfermo. Tirar de la costra. Rascar la hemorragia. Llorar alcohol concentrado y secarte con gasas el drama.

Hospedo cierta incomodidad en el pecho. No le teme al invierno ni a fieros tranvías. Si aparece, me recorre. Mi incomodidad huele a septiembre.
Me acoplaba al asiento del coche con el estómago vacío. El aire se llenaba del tono dramático de las noticias de radio. Odioso. Mi garganta era una daga que acuchillaba. Odioso. Mis pies jugaban a la danza del temblor. Mochila cerca. Odioso. Muy odioso. Traumas de la infancia como dice Albert Espinosa.
Si me asusto, septiembre me atraca la garganta. Me pisa las punteras de los tacones en medio del baile.
Si quiero estar aquí y allí, septiembre activa la incomodidad y me atraca. Otra vez.

miércoles, 8 de julio de 2015

A almas perdidas como tú.

Quiero alojarme un rato en tu dolor y abrazarlo. No me importan las consecuencias de tanto atrevimiento. Hace tiempo que el sonido a disparo no me asusta. Los golpes en seco caen en húmedo.
Abrazarlo y abrazarte. Sé que no me dejas más de dos segundos. Te abruman los roces y los susurros en el oído. Siempre tan tuya.
Un.
Dos.
Dejo el contacto sin que me lo pidas.
Dos horas de explicaciones, daño y vasos. Tu sinceridad te convierte en un libro al que solo le quedan las hojas en blanco. Las cuerdas vocales explotan con tanto capítulo. Abro la llave de contacto de tu alma. Nunca has sido fácil, y me encanta, así que me quedo en el umbral de tus entrañas. Entrar de sopetón con un vuelo directo haría aflorar tu desconfianza.

Te hablo sin emitir palabras altas y asquerosamente desagradables.
"Limitarse es cercar posibilidades de ser o estar. Arrinconar contra el gotelé. Enjaular. ¿Entiendes?
A veces lo mejor es prender con gasolina la zona de confort. Afilar un cuchillo y que la monotonía se reduzca a un montón de trozos en una esquina. 'No solo respirar es vivir'. Inhalar y exhalar aire es sobrevivir dando tralla a los pulmones. Nada más."
Entiendes lo que digo, pero tus ojos se clavan en mi retina como pidiendo aclaraciones. Mi autorrealización intenta despeñarse.

Quizá por un momento la positividad me muerda como una vampiresa benigna. Necesito despejar tus tres incógnitas. Deshecho la mala vibra que a veces se ata a mi cuello y prosigo.
"Queda comprobado que el viento se lleva sombreros, paraguas, sombrillas de playa en días soleados.
Pero
todo lo que eres
lo mete a presión entre la cabeza y los dedos de los pies."
Piensas que estoy loca y una sonrisa torcida te ilumina la tez.
"Puedes moldearlo si las ganas te echan una mano
(o la psicóloga Actitud te atiende en su consulta).
Otra opción es dejar tu interior desperdigado."
Me dices que me quieres porque tu caos me atrae. Por primera vez en años nuestro abrazo dura más de dos segundos.

jueves, 2 de julio de 2015

Soledad es una dama.

Madrugada temprana. Miércoles o jueves. Noto como las aspas del ventilador abrigan de aire las rendijas de mi pijama. Verbena de mosquitos puñeteros. Una foto en blanco y negro me mira dentro de un marco. Yo, por mi parte, no encuentro un sitio fijo en el que apoyar la mirada. Barro con los ojos los vértices del blanco techo deprisa.

En vez de escribir, o moldear tormentos, tendría que estar durmiendo.

Los besos rancios, los portazos y las cartas sin remitente me rompen las arterias. Tanta ida y venida sin hogar. Tanta gente que se percata y cruza los brazos. Tantos paseos de mi confusión por las aceras. 

Madrugada avanzada. Sin proponérmelo puedo ser un poco lunática. A intervalos ideo torniquetes de esperanzas. Otras prefiero desdibujar mi salvación. Reconciliarme con el desastre. 

Lleno hojas y ninguna me llena a mí. Cuento mi vida a retazos. Levanto fortalezas de palabras para derribarlas a base de puñetazos de inconformismo. Una dama pálida con corona de flores exóticas se acerca. Es Soledad. Su voz suena a nana e irradia un brillo de luciérnaga. Me agarra la muñeca. Su presencia es estrepitosamente nula, a ratos sus sentencias son audibles. Varía la fuerza de sus apretones. Suspira con calidez y me chupa las marcas. Se apodera de mí a la par que me abandona.

El trasiego del ventilador. Verbena de mosquitos puñeteros. Una foto en blanco y negro.
Lo reviso.
Es jueves.

domingo, 21 de junio de 2015

Adiós.

Aborrezco esas despedidas
sin tiempo
para decir algo más que un "hasta luego".

Cuatro sílabas
que acaban significando un punto y final,
tiran el tiempo invertido por la borda
y esconden las manos.
Colocan el amor caducado
en un paréntesis
que no se deshace ni a golpes.
No te devuelven lo vivido.
Matizo;
te roban lo vivido
y elaboran esculturas de recuerdos.

Da igual
que tengas agallas suficientes
cómo para sermonear al cielo.
O que rabies
porque echas en falta abrazos pasados
sin que los ahogue el destino en una bañera.

Podemos arrancar flores,
quemar papeles de colores,
reventar cristales
y echar un duelo
a lo que deseas que sea y no es.
Lo que cuesta es ganar.

lunes, 15 de junio de 2015

Líos multiplicativos.

Quiero acariciarte el pelo mientras te digo que la vida podría ser menos puta si mi cuerpo roza el tuyo. Desgastarte la piel y los miedos. Que los zarandeos me permitan hacer una instantánea rápida de Pisa en tu cama. Anidar en tu pecho como un pájaro indefenso al que se le renuevan las alas con el traqueteo de tus latidos. Frío en la calle, nuestro empeño en una mágica combustión. Tirar la manta por la ventana y ver en bragas cómo se luce la Luna esa noche. O más bien, cómo lo intenta.
Su brillo triplicado no supera tu figura despeinada impregnada de sudor.
Ni cuadriplicado
ni quintuplicado
ni sextuplicado.
Y no sé cómo es con el número siete.
                Aún así,
                              hazte a la idea.

viernes, 12 de junio de 2015

Matrioskas.

"Odian la flecha sin cuerpo,
el pañuelo exacto de la despedida."-Federico García Lorca.

Es una ciudad vacía con cientos de ojos que miran.
No es de mi gusto.
Prosigo.
Una ciudad cálidamente oscura y oscuramente cálida.
Te piden mientras rebanan. Comparten; idolatrando su tendencia al engaño.
Ofrecen chollos con marketing agresivo, y lujos, no sin su pago a plazos.

De contoneos de víboras y ruidos de tacones de fiesta en el asfalto. Son usuales los jóvenes deportistas que buscan chismes en sus bolsas sacando la lengua.

De parques oscuros con ochentonas cotillas.

Contenedores con olor a flores muertas y muertos de hambre buscando en la basura.

Una ciudad con cortinas de marinero y terrazas encarceladas.

Banderas al viento y un incesante capitalismo manchando de necesidad lo innecesario.

Sin cirujanos que trasplanten nuevos y airados biorritmos.

¡Que no falten los soldados marchitos alineados en filas antes de que desemboque la contienda!

Árboles con troncos vivos y ramas desfallecidas por el olor a penuria...

 Qué os voy a contar.

Me ahoga la multitud.
Salir por el este con la determinación de no volver, entrar por el oeste otra vez.

Los problemas son como Matrioskas de alquitrán. Una dentro de otra. La causa inconcebible, otra de soberano talle, -mira la de más allá-.

Me sigo ahogando.

El vecino comenta lo eficaz que sería una máscara de oxígeno de avión para mis pulmones desérticos. Sus días discurren a trompicones. Se convirtió en un espíritu independiente y la alianza  ya no le ataba a un Monte de Venus de apellido Jiménez. Sus ganas de querer son aire. Un aire de junio que, peculiarmente, nunca abandona las estancias.

Un dietista soltando un discursito en la 1, las páginas amarillas, citas del dentista, ocho mensajes en el contestador.
Basta.
*Suena otro WhatsApp*. Es de un grupo
-como no-  y mi Etna revienta.

La paciencia no deriva de ápices rotos.
A la fortaleza la compré de segunda mano. Por eso se desmorona y me pide que agregue hilos plateados de flaquezas a las camisas. Su argumento es que todo se cae aunque no suene a daño, que no es invencible. Y asiento por pereza.

Voy a optar por Beethoven para que evacue el cieno del drama de mi cuarto. La Moonlight Sonata me da trozos de vida sin cobrarme intereses. Y eso que no sé de música clásica, y de economía... digamos que lo justo.

Una vez leí o escuché (¡quien sabe!) sobre un hombre que ideó una melodía ante un repetitivo sonido que martilleaba su cabeza. Es impecable mezclar lo desesperante con porciones de música rebelde y libre. Una especie de batiburrillo ideal.
Exijo la fórmula secreta. Conocer el nombre de la costa dónde un faro cualquiera le iluminó las entrañas.

Las notas fluyen como aves.
El elegante piano de cola no se mueve ni medio centímetro.
Y yo
no paro de moverme
y no fluyo.
Me estanco en el chapapote de la indecisión.

miércoles, 3 de junio de 2015

Esto no es un manual de supervivencia.

Noches cerradas
de estrellas curiosas
farolas apagadas
ruido omitido.

Noches de querer más de la cuenta
analgésicos baratos
cigarros vacíos
y hondos vasos.

Noches cerradas
sin preludios
de besos
y muelles de cama.

Noches de redactar
sumar cargas
y atar lastres
a mi tobillo izquierdo.

Noches de llorar dulce
de no colorear galaxias
en espaldas ajenas
con el dedo acusatorio.

Noches cerradas
de no querer guarro
compartir vigilias
o saltarte todas las misas
de los domingos.

Noches en las que
no se corona un clímax
ni sientes como la adrenalina de querer
añicos hace los tangas de encaje.

Noches de soledad plena
con la melancolía insertada
en la medianoche y sus brujas.

Ya sabes, de analgésicos, cigarros, vasos y todas esas vainas
          (y sin).
           Sin no sé.

La noche,
la latosa noche cerrada
se abre como una carpa, y miro, agudizo los ojos canela, los pego a la ventana, busco vida en la oscuridad. Extremos. Que poder creo tener de repente para excluir la agonía del 'y veinte' de las doce.

Los cuentos nos tendrían que haber enseñado que escasean héroes y heroínas que te pongan la vida patas arriba-heroína en el buen sentido de la palabra, los horarios infantiles son eternos-.
Está en uno mismo salvarse
o echarse a perder.
Quizá lo mejor sea un poco de cada, así las balanzas equilibradas se sienten satisfechas.

Los recuerdos han empapelado paredes enteras. Apenas hay resquicios sin decorar, otras veces contribuyo a que tanto papel acabe pisoteado en el frágil parquet.
Las palabras, las personas, los actos y todo el repertorio de pandemias son formas confirmadas de perder un poquito más la cabeza (potencialmente, surtiendo efecto). Ya sabéis. Como quien tira una flecha y a la primera destroza una cutre diana.

Destaco que esto no es un manual de supervivencia de los Jóvenes Castores. No sé de poleas, tigres despampanantes o cocina en bosques asalvajados. Buscad otra sección. Un cambio de tercio.

Dentro de lo hondo
la espera se ha cansado de esperar utopías.
Su única ocurrencia ha sido taponar con madejas de desesperación la puerta de un ánima loca. Se bebe los cafés de tres en tres mientras se queja del calor bajo quince mantas. Le van las situaciones límite.
A ver quien tiene agallas de desentaponar un alma taponada con la espera de tapón. Ahora leyendo prensa rosa con un bate de casi medio metro.
Cuidadito con ella.
No hay valientes en la costa,
me lo esperaba.

Tanta confesión me desagrada.
Me niego a ser un libro abierto con renglones torcidos atestados de banalidades. 

El último diagnóstico de mi oquedad repleta de estupidez es que escribiendo me transfundo sangre. Así me relleno de rojo pasión y deshecho pintalabios de colección.
Al terminar
-y aquí viene la gracia-
exaltan que no es de mi grupo sanguíneo
   y está acabando conmigo. Y me vicio aún más a las letras. Y borro las señas de mis andares para que suene a plácida muerte.

Mis pies son tierra otra vez. Qué fastidio.

jueves, 28 de mayo de 2015

Pensar en alto.

Tengo ganas de saborear el riesgo con un cuerpo de papel reciclado.
Que la lluvia abra surcos entre mis piernas y las curvas descompensen mi peso
       sin llegar al estrépito fatal.

A la primera debo salir ilesa.
Sino la estampa de la trama se quedaría a medio imprimir.
Hay tiempo de sobra que perder en prólogos-llenos de nada que contar-y firmas con una pluma anticuada
       hasta que la tinta traspase memorias.

No, cielo,
no,
hoy no es el día.
No te fijes en el ruido de los trenes.
Mucho menos en cómo su velocidad te alborota el pelo.
Cruza por un puente de aire,
sin pensar,
desmelenada,
ya sabes, loca de atar,
rápido,
se acerca,
el arcén está a un brinco.

Somos pájaros ciegos con ímpetu en las alas.
Tentar con un trance irreversible para encontrar la manera menos devastadora de arriesgar
     no es lo idóneo.
Y qué hacer si eres destrucción,
y al acercarte, rompes
y al irte, resquebrajas
y causas shocks peores
que el del Rey Midas
cuando vio a su hija dorada.

Solo sé que para soñar
no necesito gafas caras
o camas de dos metros de largo
con cabeceras de infarto.

Y es que
me apetece quitarme las bragas
en un acto de reverencia
ante las rimas más malas
                   ...
"perdidas en las sábanas
de algún olvidado
libro de poemas,
uno que me folle el alma
y me haga reír
como ese niño de la calle,
ese que arde
en su propio mundo
y se evade del resto,
pero no llega
a consumirse
con las llamas."
Beatriz
rellenando mis versos (que tienen más prosa que los cuentos),
y es que me evado con el niño
porque cuando me escribes,
tocas mi alma helada
con la mano más cálida.

Aún sin estar inspirada sigo escribiendo. Tiene narices.

¿Se le puede llamar mérito
a dar vueltas entre tanta maraña de sandeces
y,
ser la típica actriz transeúnte
en una película con mi nombre de título?

En el fútbol siguen con los escupitajos y los goles. Poco más hay que añadir.
Me bajo de aquí.

domingo, 24 de mayo de 2015

Ni pies ni cabeza.

Es como,
    no sabría decirte.

Como programar noventa y seis alarmas sin sonido,
caer en el sueño más profundo
y que te despidan del trabajo.

Querer exhibir la nieve
y que cale los guantes
de incandescencia.

Un misántropo que confía hasta de su sombra.

Las rosas rojas ennegrecen al mirarlas,
guardas las espinas en una urna
y celebras su entierro.

Una cámara sin diafragma,
un escenario lleno de oscuridad
y resultados dignos de selectas exposiciones.

Vamos,
lo normal.

Qué le hago si pienso que los payasos
son los seres más tristes del planeta
hinchando globos estrafalarios
y pintándose de mil colores
con narices mayúsculas.

El Sol se ha caído al agua
y en vez de evaporarla
parece efervescente.

El mudo es elocuente
el tirano vive en la acera
-hoy no cena, ¡vaya pena!-
pero sí el mendigo
que está en un hotel de cinco estrellas.

Un agricultor en una gran ciudad de diseño,
un ejecutivo sin prisa.

A las personas no les consume el tiempo sino vivir.
Encuentro ojos jóvenes vacíos
y ojos con arrugas incontables
con más vida que una noche de desenfreno.
Resaca incorporada. Quince cubatas. A ver quien paga.
Más de mil bailes en alturas que no dan miedo (porque los tacones no imponen tanto como los precipicios de la vena aorta).    
Ya sé.
Necesitan la catarsis definitiva.
Una serendipia estrella
    sin brújulas que se crean las protagonistas
                          de tanta búsqueda
                 sin querer buscar.
               

domingo, 17 de mayo de 2015

Objetivos basura.

Voy a colgar la tristeza sin pinzas
a ver si así se la lleva el viento.

Meter en botes herméticos mis miedos,
tirarlos al río.

Broncearme de calma.

Vestirme con pedazos de esperanzas.
Despojarme de angustias.

Comerme despacio y en porciones a la impaciencia.

Marcarle tres goles al hastío.

Darle Red Bull a la desidia,
necesita alas
emigrar de mí.

Ofrecerle éxtasis a la euforia para que se duplique.

Hoy, mañana o en meses. Por lo menos intentarlo.

miércoles, 13 de mayo de 2015

No me mires que el corte sangra y no tengo pañuelos. O mejor, mírame un par de segundos como queriendo divisar el horizonte.

Pégate,
echa un duelo a mis curvas                     
                        inexistentes.
Existe, existe solo si te pegas.

Condiciones muy absurdas.
Deseos mezclados con el aire.

Mis sentimientos han sido atropellados
    por un tren
          destino: tu cuerpo.
Yo ya no sé cómo decirles que se queden apartados en el arcén delnoarriesgar.

Maldito mayo y sus termómetros competitivos. No estoy hecha para el calor ni mucho menos para el amor (tan repelente).
Me queda todo tres tallas grande.

Escribo mis cataclismos,
huele a mis cataclismos.
Al caos le vicio y corre detrás de mí pidiéndome la oportunidad definitiva para quererme mal. 

En verdad prefiero que no me quieran a que lo hagan igual de nefasto que lo hago yo.

domingo, 3 de mayo de 2015

Sin tapujos.

No quiero una de esas historias
de sentimientos no presenciales
excusas caducadas
ilusiones deshechas.

Casi sexo
casi amor
ya lo dijo Diego Ojeda
"ni te quitaba la ropa
ni llegaba a ponértela del todo."

Odio todo lo que se queda a medias
las llamadas de teléfono a medias
pasar al baño y quedarte a medias
mis medias bajadas hasta las rodillas
o hablando claro, a medias.
A medias tintas
medio bocadillo de calamares
medio alma que no comparto.

No quiero.

Detesto una de esas historias
de película apasionada
de encuentros felices
y arpones a las espaldas.

De gemidos forzados
de correrse con prisa.

Tardes de domingo lejos del sofá
de hablar entre líneas
sentimientos comprados
y no decir nada.

Qué triste que con más o menos treinta entradas esté aún más perdida que antes.
Que sean las dos y media de la mañana, 
el reloj se haya parado

                         mi tiempo siga muriendo

   y mis miedos aumentando.

sábado, 2 de mayo de 2015

Boda de Cordura y Locura.

Un día se te ocurre sin mucho sentido abrir la parte de arriba del armario. Aparecen toda clase de cosas que no echas en falta y que al verlas te ilusionan. Desempolvé recuerdos. Estuve siendo un pasado pasajero, obviando el presente, desentendiéndome del futuro. Y, cómo no, me quedé absorta mirando un corcho con fotos. Suena estúpido pero por un momento me sentí corcho. Las chinchetas juegan con mi corazón, rebañan, sacan jugo. Algunas veces apuñalan menos fuerte que otras haciéndose las compasivas. Los huecos se quedan ahí y son tan minúsculos que nadie los busca (los miopes deberían tener ventaja). Otras veces el problema dura más que las pilas Duracell (un mito seguro) y todos los días viene la chincheta más grande a abrir más y más el hueco, queriendo romper toda la estructura y sentirse el espermatozoide "listo". Mira que le den.

Esto es de tontos.

Iba a colocar el párrafo más optimista de mis dieciséis años de existencia
     y no.        Se ha ido al igual que todos los trenes que me abandonan en las vías y contra los que conspiro.

Mi Cordura y mi Locura se han casado, deshecho la cuestión de que estén muertas por congelación en uno de mis inviernos rusos. A lo mejor marchitan esta primavera (o no) y dejan de discutir (o no).
Cordura invita a Sensatez a casa y después de rezar mil mandamientos la besa y ya se siente infiel. Locura se va todas las semanas de fiesta, invita a una copa a Irreflexión, baila con Imprudencia, no quita el ojo a Temeraria.
Y vuelven las dos a la misma cama.

Cupido necesita que Robin Hood le enseñe a tirar flechas bien. O mejor, que se las queme todas, que tantos corazones son repulsivos.

domingo, 26 de abril de 2015

Amar a alguien con todas tus fuerzas y que te destroce debe ser como que el propio DiCaprio te hunda el barco del alma
   (y te ahogues, y ni por asomo te salve). Convertirte en el hielo del iceberg próximo al naufragio.
¿Es eso? No sé de amores.

Me he colocado la coraza más maravillosa del catálogo de instrumentos que protegan la autoestima (por si alguien lo dudaba). ¡Y que bien se está!

Confieso que me gustaría que se sentara un individuo delante de mí en el tren, me mirara y escribiera. Que no cite las malditas ruinas de Roma ni Venecia en tus ojos. Es mejor ese naufragio al que yo he llamado amor y que te salgan corrientes de agua de unas cuencas (por sobredosis de razones o nulas) al romperte.

Y qué.

Cariño, siempre nos quedará Madrid.
Las bocas de metro a falta de bocas,
   los bares de La Latina,
         los cruces en rojo.
Nos quedará Madrid y sus calles, sea o no un miércoles apestoso. Aún lloviendo sobre seco tropecientas veces y aunque la lluvia acabe calando hasta las rodillas. Ven a ver toda mi colección de paraguas desmembrados con las varillas hechas pedazos.

Y,
os confieso otra cosa,
dejo ya de escribir porque me estoy empapando (mi paraguas está medio roto, obvio).

domingo, 19 de abril de 2015

Más y más monotonía.

Esta mañana podría decirse que no he hecho muecas ante el espejo. Ni me he palpado el costado. Y os aseguro que tengo un hueco atravesado.
Nadie va a contar los gramos de anatomía que me faltan. O a rellenar con besos los pliegues de mi pijama.
La solución (de todo este lío) se ha zambullido en la sección de problemas de un libro de matemáticas, sabiendo lo mal que despejo ecuaciones.

La vida se ríe de mí, ¿lo oís?

El desamor me erosiona en todos los intentos fallidos de amor y la incertidumbre de deshojar margaritas está arrasando el campo entero.

Las oportunidades intentan llegar a mi portal,
se quedan en la esquina
y son barridas por los servicios municipales.
Triste ciclo. Triste yo.

Quiero mal y solo a ratos, así que, ¿qué voy a recibir? ¿me compro un libro de tontos que me enseñe cómo amar paso a paso? Gran gasto de dinero sería.

Nadie elige "estar", y "ser" pasa a ser el verbo principal. Ser esto, ser lo otro. ¿Puedo dejar de ser un poco?

El mundo me huele a pañales usados. No voy a seguiros porque me empacháis con tanto interés disfrazado de simpatía. Mejor empacharse de tarta, no con vuestras palabras o actos indigeribles.

Qué pena que irse a menudo sea volver de nuevo.

miércoles, 8 de abril de 2015

Nada.

Me he quedado anestesiada. Todo gira y yo giro marcandome un vals de dudas. Ni una decepción consigue ser tan gélida como para que sienta un ardor y los deseos no me hacen arder. Los amores exprés de telenovela se pueden ir por la puerta grande. ¡Buen día se ha quedado! ¿Y los nervios? Se habrán cogido un billete para apoderarse del primer alma que se retuerza junto al Muro de Berlín. Debería brindar por el esfuerzo, traficar con mis objetivos, controlar placeres, escoltar lo que soy. Sin embargo me he quedado dando pasos en falso desde abril del año de la tos. Parecen querer robar mis ilusiones para venderlas a un euro en un mercadillo. Que mis ganas se vayan a la vez que cae al suelo la minifalda de una prostituta. Colorear con veneno mis grises para que parezcan bonitos.
Y no.
Yo quiero ser.
Y quiero todos y cada uno de mis grises alineados.
                     Y ya de paso pizza, por favor.

jueves, 26 de marzo de 2015

Ninguna bruja me ha enseñado nada.

He aprendido
que el pasado es como un puerto
y nosotros barcos
que acaban amarrados.

Todo finaliza
en una mayor o menor dosis
de soledad agria.

Arrastro palabras
intentando pulverizarlas
y reviven como esquejes muertos.

La música es capaz de tocar el alma
con un dedo
como si fuera un arpa,
y por eso la pongo alta
a ver si con tanto toqueteo
quita el hielo
de mi ventrículo izquierdo.

Y
he aprendido
que no se llega tarde
si no te están esperando.

No hay parámetros
que definan la locura
pero existen parámetros del sonido
que dan incoherencia al asunto.

De cita a ciegas con el inconformismo,
asxifia cualquier centímetro
de mis tierras no prometidas.

Me quiebra no entender
y por no entender no entiendo
ni a políticos
ni a sectas
ni a jodidos kamikazes.
Al reflexionar
ciegan mis entrañas las injusticias,
y claro, me pongo a chillar.
O escribo.

Debería asimilar
que a boca cerrada o puño abierto no entran moscas
pero sí inyecciones de remordimientos.
Y no sé que es peor.
Creo que prefiero tragarme moscas.

sábado, 21 de marzo de 2015

Dorsal nº135.

Puede que los días se me repitan casi tanto como la cena de Nochevieja. 

El cielo está envuelto en un vestido de gala gris. 

Y yo estoy gris. 
Y brillo como si fuera metálica. 
Es el color de la poca resolución, define el todo o la nada, no sé. Otro 'no sé' más para la lista de 'no sé's'. Me he quedado atrapada en unos versos de Benedetti y añoro lo que me cuesta tratar si llega. 

Me pregunto si no pensaron con antelación que al darme un trozo de vida lo condenaría al caos. Si no pensaron que mi mejor sonido es el silencio y mis mejores actos los que no pretenden nada. Nado para escapar y la corriente me devuelve a mí misma. Me pregunto si no pensaron en ponerme el alma en el estómago. Me sigo preguntando si no se preguntaron el por qué de tener el cuerpo presente y la cabeza en las nubes. Qué paranoico.


Me voy a tomar una pastilla para ver si amaina el pensar. 

Otra por si la soledad no afloja el ritmo. 

No quiero conjugar con nadie el verbo amar si voy a acabar aún más perdida en un pluscuamperfecto.


El ¨paren esto que me bajo¨ dura dos cuartos de hora, los dos restantes sirven para volver en sí como quién despierta de un coma y se salta todas las comas sin importarle. El folio se llena de letras a las que le faltan dos primaveras como mínimo, pero las acepta porque es su labor, mi prisionero, el esclavo de los desastres hechos palabras. 


Digamos que soy el dorsal 135. Mis imperdibles están oxidados y me paro en cualquier esquina si me entra sed. Soy ese tipo de dorsal que acaba en otra calle para evitar la carrera y sus sacrificios y que vuelve a correr para que no sea su mente la que le sacrifique por cobarde. 

jueves, 5 de marzo de 2015

Sin rumbo fijo.

¿Qué es de una primavera sin flores? ¿O de una pistola sin balas? ¿Qué es del sexo sin besos? Todo está patas arriba como de costumbre. Un libro en blanco. Un ángel sin alas o más bien un ángel con las alas cortadas. ¿Qué es del frío sin una manta? Un alcohólico sin su botella. ¿Qué es?
                       Ya no más,
                (o tal vez sí).
Se avecina el golpe del siglo y el gotelé blanco se hace el loco. Las salidas de emergencia dando la nota y ni un pentagrama. Le tapan la vista y anda obligado por la cuerda floja sin rumbo. Las penas vienen y van; algunas se las lleva el viento, a otras les da por quedarse incrustadas a la espalda. Tantas sensaciones metidas en las rendijas del alma que mejor que de ahí no salgan. Necesito un amor a fuego lento como Marwan.
Cuantas corazonadas y la coraza de catálogo haciéndose de rogar. 

Este es el vigésimo invierno.

domingo, 1 de marzo de 2015

Punto y seguido.

¿Y mi corazón? ¿Dónde se ha metido? Me ha abandonado, no me lo puedo creer. Seguro que en cualquier lugar se está mejor que con la sangre de un cuerpo medio vivo intimidando. Un momento, noto algo. Me parece que en su lugar hay un temporizador con uno de esos colores estrafalarios. Me reconforta que algo suene en mí a falta de melodías de mis cuerdas vocales tiesas. Al igual que los órganos. Arañan porque odian el objeto sonoro. Preferiría sangrar por las uñas afiladas de un gato. Esa especie de arañazo inesperado que te afirma que no eres consecuente. Quiero abrazos o gallos cantando y solo hay alarmas hasta en los días no lectivos. Y no voy a buscar amores que despedacen y son pintados de revista.
Vivir deja secuelas, hacerlo sin saber el doble. Es lógico que cada uno enloquezca, viva y muera a su manera. Pero, ¿y si no se encuentra la forma de vivir o de enloquecer? ¿Uno se está muriendo? Seguro que no, será un estado de stand by o de reinicio lento. Quizá lo que cuesta es encontrar la tecla de encender con los ojos tapados y hay que palpar en la maraña de desesperanza.
Las palabras se juntan solas y me da miedo destrozar frases. Creo que no tengo nada que decir y no paro. Los extremos no son buenos.
Si tuviera que hablar sobre mis sentimientos
la
    hoja
            se
              quedaría
                           en
                                blanco
                                                      y
                                                yo
                                          con
                                    mi
                            vacío.
Si engañáis a un folio tenéis un problema.
Ah sí, que ya es marzo y no el noviembre siempre triste de la canción. La diferencia es que a mí nadie me propone guerra. Y mejor.

miércoles, 25 de febrero de 2015

A contracorriente como siempre.

Somos tiempo y morimos por culpa de su prisa.
Cada bocanada de aire es un poco más inútil si nadie te corta la respiración. Es poco viable el tener un invierno por cada año cumplido y que alguien haga florecer brotes entre la nieve. O algo así dicen cuando se mueren por amor. Pero no, esta vez no voy a esperar arrodillada y sin pitillos a que alguien me ponga de pie. Eso es limitarme y que mis piernas se raspen hasta que corra por ellas sangre. Me río de la promesa de recorrer todos y cada uno de los mares en busca de su princesa. Si un día, y solo uno, esa princesa fuera una sirena de cola turquesa al igual que el valiente enamorado, quizá me lo creería. ¿Y al volar? Sí, también sería más sencillo que correr un par de horas con la mera satisfacción de haber abandonado cuatro paredes un rato. Lo mío no son los vestidos y el tener gracia al hablar, bucear con los ojos cerrados o montarme en el primer avión que pase. No, no soy la Isabel Freyre de un tal Garcilaso. En mi párpado no se ha perdido Pablo Neruda una noche sin luz. Tampoco soy la pasión que acabó en un trágico sainete de Bécquer. No soy la oveja de la que se enamoró el león, ni mucho menos la Luna a la que aúlla un lobo a medianoche. En mi lista de deseos cumplidos no hay poetas, ni yo en sus escritos. Solo se aglomeran mis sueños de más de doce horas y escribir tantos incomprensibles, posibles en mi cabeza. Me decanto por ver las hojas caer y escuchar la lluvia antes que tanta incoherencia.
Lo tengo claro, si se acercan los demonios les voy a ofrecer una copa.

sábado, 21 de febrero de 2015

Truncada.

He visto rondar a una actriz de prendas oscuras por la calle con prisa. Las esquinas solas al igual que ella la miran pasar. Porque siempre está sola, no cabe duda. Sola y despeinada. La cabeza anda agachada como queriendo buscar luciérnagas con tal de obviar a las farolas. No sabría decirte, por su aspecto la rutina le aprieta, le pesa, le ata. Y sin embargo nunca se ahoga. Pide un café con leche de máquina y lo mezcla con una cucharadita y media de azúcar exactamente. Sale del establecimiento a las 10:17 y se coloca el pañuelo bien a la segunda. Acto seguido prende un cigarro y es pasmosa la velocidad con la que el humo se libera de esa prisión compacta y vuela. Se disipa. No deja rastro, solo en la cajetilla hay un vicio de menos y un motivo de más para no enloquecer. Me parece que ella también se quiere ir como el humo algunas veces. Rápido como sus pasos por la acera, veloz como el poco tiempo que tarda en llegar el dolor y cómo se desplaza por ambos extremos del cuerpo.
Es actriz porque se esconde en los camerinos de su alma ante las desgracias. Se pone nerviosa minutos antes de que llegue la fecha señalada del calendario. Busca la química de sus movimientos delante de un público y entona de manera decente las palabras para que resulten menos vacías. La entrada para que confíe cuesta y mucho más aún que crea en el progreso de ahí fuera. No sé, es difícil de entender. A menudo cree comprenderlo todo y otras se queda en las premisas. Es un círculo vicioso. Un frenesí de estados de ánimo. Lee en voz baja todas las paradas de metro y desea encontrar cartas debajo de la puerta. Suena una canción mala, la más mala, y canta.
Es la actriz de sus propias películas. Le faltan aristas y vértices, pero sus bordes nada poéticos contrarrestan.

viernes, 13 de febrero de 2015

Guerras.

Escribir para que las palabras se mezclen con la noche en una velada extraordinaria y me sienta la princesa de mi papel arrugado. Ser sutil, seca, en activa o en pasiva, que el bolígrafo escupa tinta sin tregua.
Todos en sus posiciones.
Yo dividida en dos bandos: mis tormentos vestidos de realidad y mi fuerza disfrazada de dama.
¿Preparados? O aún sin estarlo...
Apunten, fuego.
Armas luchando con mis ganas arrinconadas, aprieto la mano contra la mesa buscando paz. Disparan y no me percato porque tanto ruido provoca sordera. Hay ruinas y daños superficiales; vacilo en lo que pongo, lo tacho, lo coloco otra vez con flechas. Otro atentado contra mi cuerpo que no consigue matar a mis esperanzas. Se me acelera el corazón y corre que se las pela. "Morir por un infarto poético o quizá narrativo. ¿Creíble? Lo dudo". Garabateo y por fin surge algo y aparezco en un mundo ideal, sola. Alrededor de mí se levanta un pesado búnker. Quizá ahí es donde termino siempre enredada, me olvido de los problemas, floto sin tocar el suelo y respiro por inercia. En mi nube. ¿Locura o cordura a mi manera? Es posible que tanto la una como la otra estén muertas en el campo de batalla y sea imposible calificarme como persona.

domingo, 8 de febrero de 2015

Ultimátum.

Mis clavículas son precipicios en los que corres peligro, abandona. Es probable que te enredes en mis cabellos oscuros y te apeste el olor a champú. Te caigas en seco por mi espalda y no sea el tobogán que te libere del chichón. Aún herido, vagarás por mis piernas largas y difíciles de atravesar, entre la espada y la pared, el salvavidas o yo. Porque no seré capaz de salvarte y lo sabes, asúmelo. Mis dedos llegarán, como siempre, nueve segundos después del impacto. Otro golpe tuyo que me duele a mí el doble. Contemplas mis uñas y, dentro de lo que cabe, están dispuestas. Sin embargo te sientas encima de la más desgastada. En mis nudillos se han levantado dunas secas y algo coloradas. Precaución, no te mueras de sed entre tantos miles de desiertos.  Pero no, te pegas a mi ropa como queriendo hacerla trizas. Te subes por el cuello. Me hablas. Me giro. Me lo repites, te miro y me río para llenar el aire de sonidos. Te acercas tanto que me tapo la cara hasta dejar de reflejarme en unos ojos tan profundos. Y ni por esas desvías la mirada. Tu cabezonaría me oprime y a la vez me sorprendo de que no estés ya a dos millas de mi cuerpo.
- Vete o saldrás roto.
- Entendido, pues me quedo.

sábado, 31 de enero de 2015

Fuera de cobertura.

Quizá todo esto sea un sueño del que nunca te despiertan a gritos porque no hay nadie en un espacio-tiempo tan inaccesible. Rozar el cielo y elevarse al infierno. Lo bueno equilibrado con lo malo o que difiera la teoría y se rompan todos los esquemas. Antojos de embarazadas y el de querer tréboles de cuatro hojas. Acostumbrarte al ácido sulfúrico como sinónimo de palabra. Asumir que si tienes miedo nadie va a cantarte una nana. Es caminar e incluso correr para volver al mismo sitio del que habías salido. Pierdas o no trenes, aviones y oportunidades. La lágrima aguafiestas recorriendo la mejilla al ver una película, respirar dolor, la consecuencia de los ataques de risa exagerados o un motivo nada concluyente. Tener claro que no es una muestra de debilidad. Necios los que no lo hacen, así no se les enjuaga el ojo para mirar con otra perspectiva. Es levantarte, con el pie derecho o el izquierdo, y querer volver a la cama. Ver tantas mentes encerradas en unos ideales y pensar- ¡ojalá pudiera regarle de racionalidad los sesos!- y no paliarlo ni por esas. Las noticias alarman y la libertad de expresión te la roban. Oír, ver y no querer callarte. Y luego omitir cualquier frase porque nadie te escucha. Es la época del ir y venir, de las mentiras y del interés. Cañones que te escupen exámenes y más exámenes. Quejas y más quejas. La infancia de cualquiera, y no, ahora no es momento de echar de menos así que pasapalabra. El futuro no sabemos que color deparará- el rosa descartado-. Los lugares por los que nos movemos y las sonrisas exprés. Que el caos se convierta en arte. Pensar en regímenes mientras saboreas lo que más calorías contiene. El deseo de aparecer en un país recóndito sin saber comunicarte y perderte en un bosque nevado. Esperad que termino la maleta y cojo el pasaporte por si acaso...Medio ambiente, reciclar y que el papel sale de los árboles. Benditos seres.
Y yo solo sé como me llamo, mi edad y que estoy fuera de cobertura.

domingo, 25 de enero de 2015

Cartas.

Un iris que me mira, se expresa, chilla, empapa, rompe y reconstruye cuerpos. Que se disfraza de colores según la estación o la meteorología. Y aún así deleitan hasta al más invidente.
Unos labios que piden conquista o guerra, es dudoso. Finos, nunca pintados de colores fuertes porque son capaces de levantar fortalezas por si solos. Que sueltan aclaraciones inútiles para romper el denso silencio pero elegantes en momentos serios.
Preciosa con kilos de más o de menos. Poco importan sus vicios.
Sin curvas de vértigo. Varía en cuanto a las musas de un escultor y el resto de sus oficios. 
Y preciosa- ¡Maldita sea!- preciosa, y lo repito.
Con abrazos de libros de fantasía. De estos de los que dejas de tocar el suelo y obvias hasta la mayor hecatombe mundial.
No sé si con un corazón o una coraza. Ama a lo loco y se deja querer solo a ratos.
El fin de una mortífera guerra. La X de la ecuación más compleja. El salvavidas del naufragio. La esperanza de recuperarse de una enfermedad. Mejor que un granizado en verano y un chocolate ardiente en invierno. El vino de un cáliz. Los sueños de un niño. La melodía de una canción. Las dos palabras intercambiadas entre dos íntimos que no se ven hace años. La flor de las malas hierbas. El oasis de un  desierto. El llegar a la primera a un sitio desconocido. La valentía de un sujeto como Tarzán. 
En unas cuantas líneas no cabe nada. 
Demasiado inconformismo.

sábado, 10 de enero de 2015

Rutina.

Dice Neruda que puede escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo, que la noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.
Efectivamente, miro y en el cielo hay minúsculos boquetes brillantes pero nada demasiado poético. Huele a suspiros que se han confundido con el aire y a desamor en su versión más cómica. Las muecas y gestos son figuras talladas que expresan emociones. En la piel hay marcados recuerdos, de poco nos sirve aprender las partes de la dermis y la epidermis. A mi derecha está la Calle Melancolía porque guarda toda clase de misterios en sus recovecos y a la vez me resulta simple y estúpida. Parece que hay que darse prisa y salir de ella, que mis ganas suban de porcentaje. El frío hiela y resulta sedante, es la figura pasiva que te congela los dedos para que no puedas escribir, ¡qué sofisticado! Las mismas tiendas y parques, las mismas esquinas. La farola que nunca alumbra. Las casas que parecen prisiones. El intento de rotonda expectante. La necesidad de atrapar libros nuevos en los cajones de la mesilla. Los abrazos que me deben y no llegan a hacer contacto con mi cuerpo. Las llamadas perdidas. O lo dicho y que se pierde, como yo al hablar sola esperando que la Luna me haga caso. 
O seguir andando porque quiero hacer camino, y se hace camino al andar.