sábado, 31 de enero de 2015

Fuera de cobertura.

Quizá todo esto sea un sueño del que nunca te despiertan a gritos porque no hay nadie en un espacio-tiempo tan inaccesible. Rozar el cielo y elevarse al infierno. Lo bueno equilibrado con lo malo o que difiera la teoría y se rompan todos los esquemas. Antojos de embarazadas y el de querer tréboles de cuatro hojas. Acostumbrarte al ácido sulfúrico como sinónimo de palabra. Asumir que si tienes miedo nadie va a cantarte una nana. Es caminar e incluso correr para volver al mismo sitio del que habías salido. Pierdas o no trenes, aviones y oportunidades. La lágrima aguafiestas recorriendo la mejilla al ver una película, respirar dolor, la consecuencia de los ataques de risa exagerados o un motivo nada concluyente. Tener claro que no es una muestra de debilidad. Necios los que no lo hacen, así no se les enjuaga el ojo para mirar con otra perspectiva. Es levantarte, con el pie derecho o el izquierdo, y querer volver a la cama. Ver tantas mentes encerradas en unos ideales y pensar- ¡ojalá pudiera regarle de racionalidad los sesos!- y no paliarlo ni por esas. Las noticias alarman y la libertad de expresión te la roban. Oír, ver y no querer callarte. Y luego omitir cualquier frase porque nadie te escucha. Es la época del ir y venir, de las mentiras y del interés. Cañones que te escupen exámenes y más exámenes. Quejas y más quejas. La infancia de cualquiera, y no, ahora no es momento de echar de menos así que pasapalabra. El futuro no sabemos que color deparará- el rosa descartado-. Los lugares por los que nos movemos y las sonrisas exprés. Que el caos se convierta en arte. Pensar en regímenes mientras saboreas lo que más calorías contiene. El deseo de aparecer en un país recóndito sin saber comunicarte y perderte en un bosque nevado. Esperad que termino la maleta y cojo el pasaporte por si acaso...Medio ambiente, reciclar y que el papel sale de los árboles. Benditos seres.
Y yo solo sé como me llamo, mi edad y que estoy fuera de cobertura.

domingo, 25 de enero de 2015

Cartas.

Un iris que me mira, se expresa, chilla, empapa, rompe y reconstruye cuerpos. Que se disfraza de colores según la estación o la meteorología. Y aún así deleitan hasta al más invidente.
Unos labios que piden conquista o guerra, es dudoso. Finos, nunca pintados de colores fuertes porque son capaces de levantar fortalezas por si solos. Que sueltan aclaraciones inútiles para romper el denso silencio pero elegantes en momentos serios.
Preciosa con kilos de más o de menos. Poco importan sus vicios.
Sin curvas de vértigo. Varía en cuanto a las musas de un escultor y el resto de sus oficios. 
Y preciosa- ¡Maldita sea!- preciosa, y lo repito.
Con abrazos de libros de fantasía. De estos de los que dejas de tocar el suelo y obvias hasta la mayor hecatombe mundial.
No sé si con un corazón o una coraza. Ama a lo loco y se deja querer solo a ratos.
El fin de una mortífera guerra. La X de la ecuación más compleja. El salvavidas del naufragio. La esperanza de recuperarse de una enfermedad. Mejor que un granizado en verano y un chocolate ardiente en invierno. El vino de un cáliz. Los sueños de un niño. La melodía de una canción. Las dos palabras intercambiadas entre dos íntimos que no se ven hace años. La flor de las malas hierbas. El oasis de un  desierto. El llegar a la primera a un sitio desconocido. La valentía de un sujeto como Tarzán. 
En unas cuantas líneas no cabe nada. 
Demasiado inconformismo.

sábado, 10 de enero de 2015

Rutina.

Dice Neruda que puede escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo, que la noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.
Efectivamente, miro y en el cielo hay minúsculos boquetes brillantes pero nada demasiado poético. Huele a suspiros que se han confundido con el aire y a desamor en su versión más cómica. Las muecas y gestos son figuras talladas que expresan emociones. En la piel hay marcados recuerdos, de poco nos sirve aprender las partes de la dermis y la epidermis. A mi derecha está la Calle Melancolía porque guarda toda clase de misterios en sus recovecos y a la vez me resulta simple y estúpida. Parece que hay que darse prisa y salir de ella, que mis ganas suban de porcentaje. El frío hiela y resulta sedante, es la figura pasiva que te congela los dedos para que no puedas escribir, ¡qué sofisticado! Las mismas tiendas y parques, las mismas esquinas. La farola que nunca alumbra. Las casas que parecen prisiones. El intento de rotonda expectante. La necesidad de atrapar libros nuevos en los cajones de la mesilla. Los abrazos que me deben y no llegan a hacer contacto con mi cuerpo. Las llamadas perdidas. O lo dicho y que se pierde, como yo al hablar sola esperando que la Luna me haga caso. 
O seguir andando porque quiero hacer camino, y se hace camino al andar.