domingo, 26 de abril de 2015

Amar a alguien con todas tus fuerzas y que te destroce debe ser como que el propio DiCaprio te hunda el barco del alma
   (y te ahogues, y ni por asomo te salve). Convertirte en el hielo del iceberg próximo al naufragio.
¿Es eso? No sé de amores.

Me he colocado la coraza más maravillosa del catálogo de instrumentos que protegan la autoestima (por si alguien lo dudaba). ¡Y que bien se está!

Confieso que me gustaría que se sentara un individuo delante de mí en el tren, me mirara y escribiera. Que no cite las malditas ruinas de Roma ni Venecia en tus ojos. Es mejor ese naufragio al que yo he llamado amor y que te salgan corrientes de agua de unas cuencas (por sobredosis de razones o nulas) al romperte.

Y qué.

Cariño, siempre nos quedará Madrid.
Las bocas de metro a falta de bocas,
   los bares de La Latina,
         los cruces en rojo.
Nos quedará Madrid y sus calles, sea o no un miércoles apestoso. Aún lloviendo sobre seco tropecientas veces y aunque la lluvia acabe calando hasta las rodillas. Ven a ver toda mi colección de paraguas desmembrados con las varillas hechas pedazos.

Y,
os confieso otra cosa,
dejo ya de escribir porque me estoy empapando (mi paraguas está medio roto, obvio).

domingo, 19 de abril de 2015

Más y más monotonía.

Esta mañana podría decirse que no he hecho muecas ante el espejo. Ni me he palpado el costado. Y os aseguro que tengo un hueco atravesado.
Nadie va a contar los gramos de anatomía que me faltan. O a rellenar con besos los pliegues de mi pijama.
La solución (de todo este lío) se ha zambullido en la sección de problemas de un libro de matemáticas, sabiendo lo mal que despejo ecuaciones.

La vida se ríe de mí, ¿lo oís?

El desamor me erosiona en todos los intentos fallidos de amor y la incertidumbre de deshojar margaritas está arrasando el campo entero.

Las oportunidades intentan llegar a mi portal,
se quedan en la esquina
y son barridas por los servicios municipales.
Triste ciclo. Triste yo.

Quiero mal y solo a ratos, así que, ¿qué voy a recibir? ¿me compro un libro de tontos que me enseñe cómo amar paso a paso? Gran gasto de dinero sería.

Nadie elige "estar", y "ser" pasa a ser el verbo principal. Ser esto, ser lo otro. ¿Puedo dejar de ser un poco?

El mundo me huele a pañales usados. No voy a seguiros porque me empacháis con tanto interés disfrazado de simpatía. Mejor empacharse de tarta, no con vuestras palabras o actos indigeribles.

Qué pena que irse a menudo sea volver de nuevo.

miércoles, 8 de abril de 2015

Nada.

Me he quedado anestesiada. Todo gira y yo giro marcandome un vals de dudas. Ni una decepción consigue ser tan gélida como para que sienta un ardor y los deseos no me hacen arder. Los amores exprés de telenovela se pueden ir por la puerta grande. ¡Buen día se ha quedado! ¿Y los nervios? Se habrán cogido un billete para apoderarse del primer alma que se retuerza junto al Muro de Berlín. Debería brindar por el esfuerzo, traficar con mis objetivos, controlar placeres, escoltar lo que soy. Sin embargo me he quedado dando pasos en falso desde abril del año de la tos. Parecen querer robar mis ilusiones para venderlas a un euro en un mercadillo. Que mis ganas se vayan a la vez que cae al suelo la minifalda de una prostituta. Colorear con veneno mis grises para que parezcan bonitos.
Y no.
Yo quiero ser.
Y quiero todos y cada uno de mis grises alineados.
                     Y ya de paso pizza, por favor.