jueves, 30 de julio de 2015

Consideraciones.

"Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes a tus ojos oceánicos."-Pablo Neruda.

Ayer vi una película de madrugada. "Blue is the warmest colour". Significa que el azul es el color más cálido.
Mecánicamente, he abierto un cuaderno, de más de un lustro, por el borde azul mar.
Sin ton ni son.
Y escribo.
Sin ton ni son.
Ese no es el caso. Tengo el máster de irme por las ramas con sandeces.
       Corrijo. Todo lo que tengo que decir son majaderías ordenadas poéticamente de indoloro a un pleno de bolos en las vísceras*.

Atención:
    Hay una situación más bien precaria de caricias.
Estoy de acuerdo con Rayden; el beso tendría que valer como divisa.

Es hora de desdibujar miedos y fronteras en corazas ajenas. Bailar en bragas. Calarse de gotas el pelo enredado. Leer, sentir, mantener. Cortejar a las alturas con los pies en el asfalto y una lista de precauciones en el bolsillo. Quitarse de encima el petróleo de las excusas. Hacer, deshacer, creer. Matar e/al tiempo con deseos. Atentar contra las azoteas del olvido.

»Olvido no tiene a Amnesia. Diagnóstico fallido. Ocurre que Olvido la llama a gritos para que se acerque y le mire con sus ojos perdidos. Es probable que Olvido se haya quedado prendado de su cubierta de papel agujereada. O le perturbe la nota que Amnesia se pega a la muñeca: "No olvidarme de pensar en que debo acordarme de recordar." No le importa que Ella meta sus recuerdos en un saco y los tire al mar a cambio de su amor ficción por la fricción de cuerpos. Es como desprenderse de las cenizas de un cadáver que amaba subirse a la proa del barco. Todo se ha resumido "en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada." Si Amnesia no puede memorizar, hará que el resto tampoco pueda.
  Los recuerdos y los cuerpos acaban en el mismo sitio.
   
          En la nada.

          Descompuestos.

Ni todo es tan bueno, ni todo es tan malo.
Tendemos a pintar los días con acuarelas ambivalentes. Ni siquiera el agua parece clara. Complicaciones de gente mayor.
Tan difíciles de interpretar como inútiles.

Necesito que alguien riegue mi jardín para que nazcan enredaderas de alegría. Que se adhieran al gris y me hagan cosquillas en las costillas si Soledad se posa a mi vera.
Estabilizarme. Sentir y actuar en unidades de medida correctas a mi persona. De lo contrario se obtiene la manera directa e inconsciente de atacarse.

miércoles, 22 de julio de 2015

Pasión grisácea.

Tu amor es como hacer las maletas después de marcharse sin haber estado.
                   O peor, sin haber sido.

No fueron mis ojos los que provocaron el desastre. Los tuyos fulminan aunque mire por el rabillo del izquierdo. Aclaro esto. Que te fulminen es ser vencido cuando te vistes con todas las de ganar.
No me enamoré de unos ojos. Supongo que me vició perder todas las batallas cada vez que volvía a asegurar con el rabillo izquierdo que no me mirabas. No te posas en mi tez y me consumes la valentía sin contacto.
Hay que esmerarse para explicarlo.

Parece que te vas sin quedarte. Te asemejas a los individuos que sumergen los pies en la orilla sin bañarse.

Me marchitas las entrañas más que cuarenta otoños en cadena.
Florezco sin que sea primavera durante tres minutos y medio para volver a morir. Y que revivas mi aorta.

Me has convertido en una flor asimétrica a prueba de (tus) balas.

domingo, 19 de julio de 2015

A(f/d)ic(c)ión.

Voy a ser concisa.

›Nací en noviembre,
el día catorce,
en un burruño de sábanas blancas
y olor a maternidad.

¿Ya me he descrito?

›Odio la vida
y también la amo
y me ato a ella
como pez al mar.

›Tengo dos Nerudas,
un disco digital,
una figurilla de la Torre Eiffel
y un cactus de ganchillo.

›El desamor
ha mojado de distancia
los cuerpos,
mi buena suerte y las ganas.

›No tengo canción favorita,
ni bailo el agua
ni bailo a alguien
ni alguien me baila.

›Me gustan las letras,
no soy poetisa,
no sé rimar
y aún así planto versos (malos).
        Rectifico:
›Me buscan las letras,
me obligan a recrearme,
tengo mono de abstinencia
por lo que planto versos (malos).

La prosa me toca el pelo para que acaricie letra a letra todos sus recodos.
Soy una mandada (por desgracia).

Maldita escritura que, en vez de coser, despedaza.

No sé de dónde salen las heridas. Soy experta en abrir boquetes. Seguro.

Subo por una escalera de peldaños como cornisas que dan al fracaso. Todo es tan abrupto que no hay lugares de descanso a la vista.
Mi alma escarpada, corta. Fría con desiertos de cincuenta grados. Acostumbro a quemar todo y a huir con mis errores congelados bajo el brazo.

Voy a ser concisa.

La gente,
vive;
la gente triste
escribe mientras vive.

martes, 14 de julio de 2015

Traumas de la infancia.

La niña que odia septiembre
tiene los ojos rasgados,
ojeras desbocadas,
una nariz que respira tóxico
y unos pulmones anticuados.

Unos oídos llamados Ruido
que darían por Silencio
cuarenta orgasmos
en una noche de nostalgia.

Una boca que rompe
el hielo de los ascensores (claustrofóbicos)
derritiendolo con la lengua.

Un pelo con mechas marchitas
que quieren ser esa nube
en la que interpretar quinientas tres formas.
    De corazones a unicornios pasando por leones de escaparate.

Huesos punzantes.
   El corazón en el puño, destripado.
   Cosido mientras se destripa.

Lunares que se resumen en lujuria
para quien cuenta de diez en diez
y llena de cálculo mental
hasta sus calcetines.

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No sé si la ocasión lo merece.
La tinta abriga mis letras. He elegido que así sea usando bolis Bic ajenos y un bloc de notas destartalado.
Cuanto más esperas a que llegue la ocasión perfecta, más oportunidades desaprovechas.

Lo único que sé
es que quiero que mis días
pasen como sinfonías,
que limpie la lluvia
en vez de hacer rebosar.

Me estoy desviando. Odio desnudar mi alma en exceso y, sin embargo, acostumbro a poner todo lo que soy en bandeja a punto de sal. Romper la doctrina del introvertido. Ser directa es sinónimo de quedarme en bragas roídas en pleno otoño. Me siento ligera pero paso frío. Bueno, ligera relativamente. Escribir es como vomitar parrafadas y no quedarte nunca satisfecho. La enfermedad incurable de un inconformismo que se expande como virus terminales. La destrucción viene asegurada en el catálogo.

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A lo mejor a la tercera va la vencida. O gasto el infinito en vano.

Tengo causas concretas por las que odiar septiembre. Es imposible elaborar un diagnóstico sin inspeccionar al enfermo. Tirar de la costra. Rascar la hemorragia. Llorar alcohol concentrado y secarte con gasas el drama.

Hospedo cierta incomodidad en el pecho. No le teme al invierno ni a fieros tranvías. Si aparece, me recorre. Mi incomodidad huele a septiembre.
Me acoplaba al asiento del coche con el estómago vacío. El aire se llenaba del tono dramático de las noticias de radio. Odioso. Mi garganta era una daga que acuchillaba. Odioso. Mis pies jugaban a la danza del temblor. Mochila cerca. Odioso. Muy odioso. Traumas de la infancia como dice Albert Espinosa.
Si me asusto, septiembre me atraca la garganta. Me pisa las punteras de los tacones en medio del baile.
Si quiero estar aquí y allí, septiembre activa la incomodidad y me atraca. Otra vez.

miércoles, 8 de julio de 2015

A almas perdidas como tú.

Quiero alojarme un rato en tu dolor y abrazarlo. No me importan las consecuencias de tanto atrevimiento. Hace tiempo que el sonido a disparo no me asusta. Los golpes en seco caen en húmedo.
Abrazarlo y abrazarte. Sé que no me dejas más de dos segundos. Te abruman los roces y los susurros en el oído. Siempre tan tuya.
Un.
Dos.
Dejo el contacto sin que me lo pidas.
Dos horas de explicaciones, daño y vasos. Tu sinceridad te convierte en un libro al que solo le quedan las hojas en blanco. Las cuerdas vocales explotan con tanto capítulo. Abro la llave de contacto de tu alma. Nunca has sido fácil, y me encanta, así que me quedo en el umbral de tus entrañas. Entrar de sopetón con un vuelo directo haría aflorar tu desconfianza.

Te hablo sin emitir palabras altas y asquerosamente desagradables.
"Limitarse es cercar posibilidades de ser o estar. Arrinconar contra el gotelé. Enjaular. ¿Entiendes?
A veces lo mejor es prender con gasolina la zona de confort. Afilar un cuchillo y que la monotonía se reduzca a un montón de trozos en una esquina. 'No solo respirar es vivir'. Inhalar y exhalar aire es sobrevivir dando tralla a los pulmones. Nada más."
Entiendes lo que digo, pero tus ojos se clavan en mi retina como pidiendo aclaraciones. Mi autorrealización intenta despeñarse.

Quizá por un momento la positividad me muerda como una vampiresa benigna. Necesito despejar tus tres incógnitas. Deshecho la mala vibra que a veces se ata a mi cuello y prosigo.
"Queda comprobado que el viento se lleva sombreros, paraguas, sombrillas de playa en días soleados.
Pero
todo lo que eres
lo mete a presión entre la cabeza y los dedos de los pies."
Piensas que estoy loca y una sonrisa torcida te ilumina la tez.
"Puedes moldearlo si las ganas te echan una mano
(o la psicóloga Actitud te atiende en su consulta).
Otra opción es dejar tu interior desperdigado."
Me dices que me quieres porque tu caos me atrae. Por primera vez en años nuestro abrazo dura más de dos segundos.

jueves, 2 de julio de 2015

Soledad es una dama.

Madrugada temprana. Miércoles o jueves. Noto como las aspas del ventilador abrigan de aire las rendijas de mi pijama. Verbena de mosquitos puñeteros. Una foto en blanco y negro me mira dentro de un marco. Yo, por mi parte, no encuentro un sitio fijo en el que apoyar la mirada. Barro con los ojos los vértices del blanco techo deprisa.

En vez de escribir, o moldear tormentos, tendría que estar durmiendo.

Los besos rancios, los portazos y las cartas sin remitente me rompen las arterias. Tanta ida y venida sin hogar. Tanta gente que se percata y cruza los brazos. Tantos paseos de mi confusión por las aceras. 

Madrugada avanzada. Sin proponérmelo puedo ser un poco lunática. A intervalos ideo torniquetes de esperanzas. Otras prefiero desdibujar mi salvación. Reconciliarme con el desastre. 

Lleno hojas y ninguna me llena a mí. Cuento mi vida a retazos. Levanto fortalezas de palabras para derribarlas a base de puñetazos de inconformismo. Una dama pálida con corona de flores exóticas se acerca. Es Soledad. Su voz suena a nana e irradia un brillo de luciérnaga. Me agarra la muñeca. Su presencia es estrepitosamente nula, a ratos sus sentencias son audibles. Varía la fuerza de sus apretones. Suspira con calidez y me chupa las marcas. Se apodera de mí a la par que me abandona.

El trasiego del ventilador. Verbena de mosquitos puñeteros. Una foto en blanco y negro.
Lo reviso.
Es jueves.