martes, 22 de septiembre de 2015

Positivo martes.

Me siento afortunada.
Hay momentos que son luz,
te zarandeas en una cumbre idealizada,
crees tener poder,
tu corazón suena a risa.
Nada te para,
nadie se entromete,
eres tú y tu energía.
Rozas esponjosas nubes de placer con los dedos.

Y te das cuenta de que la vida es más incoherente que tú.
Respiras paradoja,
te mueves a deshora,
discuerdas entre el gentío.

Somos cima y fosa.
Aire e inigualable bochorno.

Creo que hay que encontrar la armonía de las horas dulcemente caóticas.

Tengo suerte.

Conozco a personas que son la savia que necesita mi árbol pelado de hojas. No se van aún con quince motivos atados a la muñeca y la puerta delante. Y eso que desnudo con mi huracanado viento, y me cuelgo de sus ramas de puntillas, y lleno de quejas cualquier tronco, y les recuerdo que a poquitos soy comprensiva, y en exceso, tóxica. Por si no lo recordaban. Y siguen sin hacer las maletas.

Las letras se han incrustado por todo mi cuerpo.
Me han elegido.
No hallo deleite sin palabras.
Ni ganas de vivir sin libros.
Hago míos los espacios en blanco.
Acicalo emociones.
Me sumerjo en mis inexpertas creaciones.
Me desembarco de lastres para seguir sumida en ellos. Mientras que me río del elenco de pacotilla de esta obra de teatro.
Improvisamos como animales. Lo destrozamos todo como animales. Intentamos que vuelva a ser. O a estar. O a parecer pasado. Y ya no hay vuelta atrás.

Los papeles son mi yo inédito en líneas. Me queda eso. Siempre eso.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Me desenmascaro.

No me importaría que una tormenta perforase cada uno de mis poros. Pensar solo en empaparme. Pasar frío. Piel de gallina. Mojarme hasta las costillas. Quedarme desnuda como si un pintor quisiera plasmar mi esencia. Pisar charcos con mis descuidados pies. Chillar al encapotado gris que no me asusta. No ser. Abandonarme, dejarme varada en el pasado. Seguir gritando. Ahogarme en mis lacrimales. Calarme de diluvio y no de pena. Sumergirme. Buscar el tesoro. Tragar agua. Encogerme con pasividad. Atragantarme. Ser arropada por un trueno. Reírme fuerte. Muy fuerte. Reírme falso. Reírme sucio. Hacer ruido. Llenar la calle de ruido. Hacerme ver. No, no hay nadie que me vea. Ahogarme porque mientras me ahogo solo pienso en salvarme. Me doy otra oportunidad de las noventa y nueve que ya he mendigado a la manga. Me invado de cursilerías dichas en voz bajita (por si surte efecto). Dar patadas a la borrasca en vez de propinar golpes a muros de hormigón. No sangrar, no gritar, volver, secarme, vestirme, maquillarme, pensar en lo de siempre, hablar más que de costumbre. Ilusionarme con económicas conversaciones. Comer como si no hubiera un mañana. Reírme verdadero. Reírme limpio. Neutralidad. Agobiarme. Sacudirme en mi maraña de pensamientos que taladran. Que la rabia me sofoque. No entender nada. Enfadarme. Portazos, palabrotas. Desesperarme porque sigo sin entender nada. El corazón no para de rajarme las arterias. A veces me descompone y no lo noto. Chillar que estoy asustada. Quejarme. Pillar a un inocente individuo y cantarle las cuarenta. Que se crea que estoy loca. Huir porque quedarse significa mantenerse. Ahogarme. Seguir gritando. Las gotitas se abren camino entre mis mejillas. Arroparme. Dormir y sentirme muerta. Levantarme, ser ojeras, ir al espejo. Ser de nuevo. Ser con énfasis.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Existo.

Un universo late en mi pecho. Soy incapaz de interpretarlo al detalle, pero sí de sentirlo. Suena como un murmullo desinteresado. Algo ruge porque desea ser escrito. Desconozco coordenadas, causas y consecuencias. Vibro. Suena. Mi alma es ese vagabundo que busca amor en besos. Escucho. Nadie oye.

Rastreo pasión inexistente.
Me rasco las entrañas y me obligo a querer antes de quererme.
Y me obligo a querer a quien no quiero.
Musa solo hay una.
No soy poetisa.
Musa,
      una.
Dos son multitud.
Dos es no retratar a ninguna.
Mejor que Beatriz para Dante. Huracán y paz. Vendaval de palabras y silencio. Es marcha, energía contenida, potencia. Es pausa, flaqueza de domingo. Es una rompecorazones compasiva. Seca, cortante, huye del contacto. Se derrite en manos contadas. Es pasión en corazón azul. Grito arrancado y susurro. Musa a la que quieres con odio. Trabalenguas, lioso laberinto. Ella es poesía, melodía, brisa de verano.

Vibro. Suena. Cada palabra me salva menos. Voy a bañarme en el rojo de mis sesos. Quiero irme. De mí, digo. Volar porque bajo esta corteza de nácar la libertad se ve limitada.

Son casi las tres de la mañana.
Escribo más rápido que nunca. No pienso en lo desaliñado que empieza a parecer este monólogo de letras rotas. Ni en el atractivo que alguien puede apreciar en un batiburrillo de vida perecedera. El miedo desgarra la conciencia. Me apalanca los actos. He estirado tantas veces el hilo de la estabilidad. Ya no es más que una amorfa hebra de diseño. Los años hacen todo polvo. Nadie me arropa el alma podrida con nanas de niña pequeña.

No soy un ángel de catálogo. El malo no es tan malo como parece. El bueno esconde sus hamartias bajo esa supuesta figura valerosa. El malo suele ser feo. El bueno, apuesto. Y no. Clasificarlo todo es propio de ignorantes asustados que necesitan encajar en un grupo.
No me encasillo. No sé hacerlo. No pertenezco a ningún lugar. Voy. Y vuelvo. Y me escondo de pupilas acechantes. Y me mantengo. No sé si cuerda. Y vuelvo a ocultarme. Me estoy muriendo. Y vuelvo a la vida. Y me consumo cuando menos quiero. Y vibro. Y suena. Y oigo silencio. Y me vuelvo loca. Escribir tanto me ahoga. Un ser me agarrota el cuerpo. Me he enamorado de la sensación de destrozarme las vísceras y remover rotos con un bolígrafo.

No guardo rencor. No sueño con hecatombes que hagan volar inválidos cuerpos. Ya no. Todos acabamos muertos de todas formas. Me rodea un atropellado egoísmo con la excusa barata de la mera supervivencia.

Si me sincero;
mi cabeza y mis nudillos han encendido hogueras,
me han prendado unas curvas con apellidos
y no sé andar con esbeltos tacones.
Si me sincero, no sé cómo vivir.

martes, 1 de septiembre de 2015

Conviene darse cuenta.

"quiero que me relates
el duelo que te callas."- Mario Benedetti.

No suelo ser explícita.
Me enredo en mis enigmas.
Ni yo me descifro.
No existen mapas,
ni brújulas,
ni manuales.
Se necesita paciencia,
tres portazos,
diez u once de mis negaciones
a ensanchar el alma
para que puedas sumirte en ella.

Todo está arrasado.
Arrasado de amor,
de ganas.
Arrasado de vida,
de simpatía tímida.
Es una lucha encarnizada,
de intereses,
sin botiquines.
La batalla de pisar corazones.
Quien más masacra
no es el más fuerte.
Eso es lo único que he aprendido.
De desmembrar almas
con ápices de inocencia.
Es consumirse
sin terminar de morir,
morirte y seguir consumido.
O matar
porque necesitas volver a la vida.

Tregua.

No quiero ser tan bárbara cómo para aplastar porque a mí me aplastan. Los corazones necesitan manos protectoras, no puños rebeldes. Que sí, que nos han roto unas cuantas veces. Y las partes no se juntan. Y el cristal no tiene compasión.

Tregua.

Que aquí dentro duele y, por destrozar a otros, no me pongo la tirita y se soluciona.