domingo, 17 de enero de 2016

Estupidez.

Como el perro que mira al dueño esperando una respuesta.
Como el dueño que troncha el interruptor de la luz, y es aún más miserable que el perro.

Como el sueño cuando gobierna las habilidades.

Como la necesidad constante de que me vistan de amor propio.

Manifestaciones, comida desperdiciada, egoísmo, miedo, país oxidado.

El poco arriesgar y hablar de más. Llenar el aire de banalidades para evitar que el silencio suene a estruendo.

Confesarse, desmantelar tu coraza y escupir debilidades, y alguna víscera, en manos ajenas.

Bailes, goce necesario, faldas cortas, bares repletos, éxtasis muerto.

Que te digan que eres genial, maravillosa, fantástica. Que prometan hasta la saciedad, dejando a la puerta sin llaves.

Otra despedida.
Espera, que me caliento otro café y hago como que me importa.

Relojes, prisas, política, modas, porros.

Concienciarse de que si, por un casual, eres añicos, nadie sabrá incubar de ganas tu frío.

Rutina que carcome. Miradas desinteresadas, malvados murmullos. Mensajes en cadena de WhatsApp y la tabarra de los despertadores.

Un brindis por lo que nunca será.

Tintes tóxicos, barras de labios, zapatillas caras.
El gilipollas que te toca el culo en el metro sin consentimiento.

Literatura, joder. Quién necesita musas si Ella te arropa los pies. Si te enseña que la crudeza puede emebellecerse, que todos somos un poco ruinas.

Ruinas. Soy el violín sin cuerdas. Ruinas. La dependencia de un drogadicto. Soy oscuridad y, como siempre, ecuaciones que nadie quiere entender.

Opresión, sexo, consumismo, miedo, tiroteos. La pandemia de la ignorancia.

Sentirte frágil, insignificante, flor.
Fuerte, poderosa, enredadera.

Abarcarlo todo es imposible.
Me pido otro brindis aunque no tenga un motivo para brindar.

lunes, 11 de enero de 2016

(...)

Supuestamente naces, creces, te reproduces y mueres.
Creo, sin embargo, que naces, matas el rato, los complejos te ahorcan y el tiempo te hace polvo.

No naces para corregir todos tus defectos.
No naces para ser un ejemplo (o para ser cómo a otros se les antoja).
No naces para torturar cada parte de tu cuerpo.

Naces para intentar ser.
¿Me oyes?
El canal me vacila.
El reto está servido.

Que comience la batalla de respirar. Cómo solo te dediques a repartir tu munición, y no la uses, estás muerta. Aún no lo sabías. Qué buena eras. Qué bien saben aplastar la inocencia mientras clavan los dientes.

Los miedos son los primeros en coger las velitas de cada uno de tus entierros. Te mueres cada dos por tres. Necesitas reiniciarte lento, pequeña. Tan lento como las margaritas se deshojan solas.

/Hago un inciso./
Si es un fulano que dice que me querrá hasta que el ramo de flores se marchite en mis manos, y una es de plástico... Dile que se vaya.
No quiero flores. Quiero que los miedos se mueran de vergüenza porque les han desnudado el coraje. A tomar por culo las velas.

A veces crees en el amor y te estudias su prospecto sin leer la letra pequeña. Muy común.

Solo te salvan unas manos. Solo alguien soporta el peso de tus emociones pasajeras.

Estás más guapa cuando te da todo igual y bailas como si se fuera a despedazar el mundo.

El papel te acobarda. Te inyectas poesía.

Sigue bailando.

sábado, 2 de enero de 2016

Bloqueo.

La que baila mal en los bares y no vende sus ganas a cualquiera.
Yo.
Soy la melancolía de un pañuelo de despedidas y potencia en los ventrículos.
¿Quién sino?
La pereza de los lunes y el dolor de pies de los sábados.
Soy hiato y prosa mala.
Ma-rí-a.
Encantadora y perdona-vidas según mi padre.
Maremoto de palabras varias. 
Vorágine.

¿Tiempo al tiempo? Que le jodan a eso. Los minutos se me escapan como el agua entre los dedos. Me niego a cederle más leña al fuego. Total, nos acabamos quemando.

Solo queda tantear en vagos cuerpos algo que no existe. Solo queda intentar (ser) en brazos agarrotados de deseo.

Solo queda dejarme caer en las esquinas. Llenar los vasos un poquito más de la cuenta. Ponerme el carmín más rojo. Masticar los chicles a deshora. Esquivar como una víbora.

Decir que soy mía y no de nadie. Pero que solo con un cuerpo haría una sinfonía (desafinada).

Ya está la angustia llamando a la puerta. El desamparo inunda con egoísmo todo mi cuerpo.

Poseer no es la palabra. Sentir es lo que quiero.

¿Quién sino?