Solemos colocar el corazón ante la mirada curiosa del resto, cómo si se estuviera exhibiendo, y resulta tan fácil que lo destrocen sin piedad. Aún notas como estalla en silencio, los pedazos se caen. Uno a uno. Aprovechando cada milésima de segundo. Y no encuentras a nadie que te regale una mísera tirita. Buscas en Internet con desamparo, sabiendo que un estúpido teclado no hace maravillas. Tampoco hay servicios de corazones rotos. Ni sistemas que cubran daños.¡Qué tontería! -Suerte que aún existe la pizza y la zona de chocolates de los supermercados-dibujas una leve sonrisa hasta que el rostro inexpresivo vuelve a apoderarse de tu tez blanca. ¡Ojalá se pudieran aniquilar los sentimientos! Y se acordó de ese mensaje que recibió un día cualquiera en un mes poco importante: ''soy como un mar.'' Sí, efectivamente ella también era como un mar, a veces se mantenía en calma y otras se revolucionaba y mostraba sus aguas bravas. Los bañistas entran y salen, pocos se quedan. –Quizá necesite una puerta para que les cueste más abandonar el cálido umbral.-Mar, mar, mar. Eres un mar que puede con todo y nada a la vez. Un mar con una actividad entorpecida por las críticas, pero difícil de derrotar. Un mar que está falto de tiritas de dinosaurios.
“Cojo el bolígrafo como quien coge un bisturí: con precisión anatómica me disecciono y descubro que existo.” (Marcos Díez) Escribir no es mi hobby . Bueno, lo traduzco mejor al castellano, que es más apasionante: Escribir no es mi pasatiempo ni mi distracción ni una mera diversión. Puede que sí sea una inclinación, una propensión, una tendencia, una afinidad, un gusto… Un afecto, un apego, un amor, una devoción… Pero ninguna de estas palabras me convence. Reducen en unas pocas letras un mundo entero. Por ello, aunque no me hayas preguntado, trataré de explicarlo mejor. Y no me quedará otra que pedir perdón a las palabras por haberlas menospreciado y tratar de que se congreguen en este texto para perseguir mi propósito. A ver si las convenzo. Si nos remontamos muchos años atrás, era un bebé al que le encantaban los cuentos. Me negaba a hablar, pero los dibujos y el tono del narrador me figuro que me embelesaban. Algún año después, era una niña leona que pedía a ...
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