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Mostrando las entradas etiquetadas como Sentimientos

Cartas

Un iris que me mira, se expresa, chilla, empapa, rompe y reconstruye cuerpos. Que se disfraza de colores según la estación o la meteorología. Y aún así deleitan hasta al más invidente. Unos labios que piden conquista o guerra, es dudoso. Finos, nunca pintados de colores fuertes porque son capaces de levantar fortalezas por si solos. Que sueltan aclaraciones inútiles para romper el denso silencio pero elegantes en momentos serios. Preciosa con kilos de más o de menos. Poco importan sus vicios. Sin curvas de vértigo. Varía en cuanto a las musas de un escultor y el resto de sus oficios.  Y preciosa- ¡Maldita sea! - preciosa, y lo repito. Con abrazos de libros de fantasía. De estos de los que dejas de tocar el suelo y obvias hasta la mayor hecatombe mundial. No sé si con un corazón o una coraza. Ama a lo loco y se deja querer solo a ratos. El fin de una mortífera guerra. La X de la ecuación más compleja. El salvavidas del naufragio. La esperanza de recuperarse de una enfermedad....

Pasajeros.

Hoy quiero ser algo. Es una frase vaga, con poca dedicación al escribirla, quizá. Pero a la vez lo es todo. Puedo concretar, algo para alguien. Ya he dado en la diana y no pienso borrarlo y huir corriendo a cualquier lugar de la casa. Esta vez no. Se acabó esconderse de espejos y miradas, de preguntas al esquivarlas, de lo lógico o idealizado, vaya o no peinada, suspire o no rotos, ande o no descalza. Aunque suela pasear mis defectos por la calle sin querer y me pase el tiempo escribiendo en desastrosas hojas, ordenadores y hasta en notas táctiles. Que mi corazón quiere ser pura poesía y mi cabeza, encontrar a alguien que me haga sentir poderosa como un verso. Conocer el lunar al que más cuesta llegar con la ruta de mi dedo por el paraje de su cuerpo. Saber que los jueves a las cuatro de la tarde se encuentra a un chaval con moto y a una joven de una floristería saludandose en una calle que ni conozco. No deseo que me regale flores. Quiero ver mil veces como achina los ojos al mentir y...

Tiritas de dinosaurios

Solemos colocar el corazón ante la mirada curiosa del resto, cómo si se estuviera exhibiendo, y resulta tan fácil que lo destrocen sin piedad. Aún notas como estalla en silencio, los pedazos se caen. Uno a uno. Aprovechando cada milésima de segundo. Y no encuentras a nadie que te regale una mísera tirita.  Buscas en Internet con desamparo, sabiendo que un estúpido teclado no hace maravillas. Tampoco hay servicios de corazones rotos. Ni sistemas que cubran daños. ¡Qué tontería!  -Suerte que aún existe la pizza y la zona de chocolates de los supermercados-dibujas una leve sonrisa hasta que el rostro inexpresivo vuelve a apoderarse de tu tez blanca. ¡Ojalá se pudieran aniquilar los sentimientos!  Y se acordó de ese mensaje que recibió un día cualquiera en un mes poco importante: ''soy como un mar.'' Sí, efectivamente ella también era como un mar, a veces se mantenía en calma y otras se revolucionaba y mostraba sus aguas bravas. Los bañistas entran y salen, pocos se quedan....