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Mostrando las entradas etiquetadas como Vida

Cartas

Un iris que me mira, se expresa, chilla, empapa, rompe y reconstruye cuerpos. Que se disfraza de colores según la estación o la meteorología. Y aún así deleitan hasta al más invidente. Unos labios que piden conquista o guerra, es dudoso. Finos, nunca pintados de colores fuertes porque son capaces de levantar fortalezas por si solos. Que sueltan aclaraciones inútiles para romper el denso silencio pero elegantes en momentos serios. Preciosa con kilos de más o de menos. Poco importan sus vicios. Sin curvas de vértigo. Varía en cuanto a las musas de un escultor y el resto de sus oficios.  Y preciosa- ¡Maldita sea! - preciosa, y lo repito. Con abrazos de libros de fantasía. De estos de los que dejas de tocar el suelo y obvias hasta la mayor hecatombe mundial. No sé si con un corazón o una coraza. Ama a lo loco y se deja querer solo a ratos. El fin de una mortífera guerra. La X de la ecuación más compleja. El salvavidas del naufragio. La esperanza de recuperarse de una enfermedad....

Propósitos estúpidos en fechas estúpidas.

Me niego a ver como las arrugas sacuden teces que no tienen la culpa de que el tiempo actúe a su antojo. No quiero visualizar seres consumidos, y pensar que yo también me voy perdiendo con ellos en un camino sin retorno. Si la envidia llama a la puerta voy a impedir que corra hacia mi cabeza envenenada aunque reviente el timbre indignada. No soy libre, pido no ser controlada por culpas innecesarias que me hacen pagarla, y no con la cartera, que está llena de nada. La nada más absoluta. Vivimos en la nada, rotando alrededor de algo como un tiovivo, en una estancia llena de nada, sin vida. La nada, lo que uno preferiría sentir al ver a quién quiere bajo otras sábanas, en lugar de un amor desproporcionado que no tiene un final de película americana. Necesito mirar ojos limpios que no guarden secretos ocultos en sonrisas hipócritas. O tal vez suicidas. Purificarse es algo más que sufrir por dietas. O eso creo creer. Es ver todo con los ojos del sábado y con la sensatez de los martes. A...

Prisiones mentales.

Cegado, quiere huir y borrar cualquier huella...que dejase clavada en la arena de aquellos que le quieren, o más bien en sus almas transformadas en sepulturas de piedra... grises. Tan grises como su persona, que lo único lúcido era el brillo del espeso sol sobre sus rizos oscuros. Como dando cobijo a cada mechón, lo que no encontraba entre el gentío. Grisáceo y amargo...como las despedidas. La quería con locura, estaba preso en unas pupilas enrevesadas, fruto de insomnio, de pensarla, de penar pensando, o de pensar penas baratas. Que la amaba para algo más que dos cafés...solos, como su cuerpo en aquel acantilado tan alto. Para algo más que un cigarro matinal o cuatro besos mal dados. Todo loco se enamora de algo, se ancla a un alma, se olvida de multiplicar, mientras se multiplican los daños. Vacíos que querían hacer que la felicidad...cambiara de bando al del tormento. Y su corazón de papel al que los efectos de la mirada de ella, entre las sombras, producen roturas, peor que arroja...

Mareas de vida.

Ojalá fuera fácil correr sin que las piernas se queden estancadas en mares de recuerdos. Andar tres pasos y que no sean todos en falso como la cantidad de promesas que se apilan en mi cabeza con poca coherencia, mientras me pregunto sobre su paradero. ¿Dónde estoy yo y mi certeza? Quizá no esté cuerda. Tal vez soy aquella que vive en sus trece y ya no cuenta ni con ángeles ni con demonios, sino guerreros pasivos que prefieren dormir a luchar, pero no bajan la guardia. Que si me quiero refugiar, me camuflo en palabras desconcertantes y así huyo de océanos y teorías del universo que quebran mi entendimiento.  Cuando me hundo, creo ahogarme. No sirve de nada intentar respirar si no hay aire. Es la sensación del bañista indefenso que está cansado de mover las extremidades sin coordinación para no tragar agua. Te falla la voz y ves como las masas te atrapan. Y chillas, esta vez sí. Liberas la granada que llevas albergada en lo más profundo. Se te aceleran las pulsaciones y observas ...

Pasajeros.

Hoy quiero ser algo. Es una frase vaga, con poca dedicación al escribirla, quizá. Pero a la vez lo es todo. Puedo concretar, algo para alguien. Ya he dado en la diana y no pienso borrarlo y huir corriendo a cualquier lugar de la casa. Esta vez no. Se acabó esconderse de espejos y miradas, de preguntas al esquivarlas, de lo lógico o idealizado, vaya o no peinada, suspire o no rotos, ande o no descalza. Aunque suela pasear mis defectos por la calle sin querer y me pase el tiempo escribiendo en desastrosas hojas, ordenadores y hasta en notas táctiles. Que mi corazón quiere ser pura poesía y mi cabeza, encontrar a alguien que me haga sentir poderosa como un verso. Conocer el lunar al que más cuesta llegar con la ruta de mi dedo por el paraje de su cuerpo. Saber que los jueves a las cuatro de la tarde se encuentra a un chaval con moto y a una joven de una floristería saludandose en una calle que ni conozco. No deseo que me regale flores. Quiero ver mil veces como achina los ojos al mentir y...

Domingos descolocados

Nunca entenderé el por qué de gastar "te quieros" sin sentirlos en el fondo del pecho. Por qué. Por qué no se envían casi cartas. Por qué. Por qué pienso tanto y siento tan poco, hasta que la pasividad me inunda como un océano helado a un minúsculo niño que no sabe nadar. Por qué. Por qué nos pasamos las horas mirando las pantallas de los móviles en vez de contemplar el azul del cielo. O el gris. Por qué los días pasan como las golondrinas del poema Bécquer según la canción. No hay tiempo para nada, ¿dónde se han quedado las conversaciones en el metro con desconocidos? Y el por qué del vaivén de los trenes. Por qué rompemos el hielo en los ascensores hablando del azul del cielo, el cual no nos paramos a observar. Por qué. Por qué siempre recibo los mismos mensajes con una temática tan aburrida que asusta y aún así sigo atenta al maldito cacharro luminoso. Por qué. Por qué a veces es más fácil escapar a esperar a que nos propinen golpes, y no principalmente de suerte. Por qué....

Dolores de cabeza

Somos marionetas de trapo que respiramos y demostramos una exacerbada necesidad de exteriorizar sentimientos que no van a parar a ningún lado. Si al fin y al cabo las palabras se las lleva el viento, aunque se queden grabadas en la mente como cicatrices que mágicamente sangran. Porque por decir, puedo soltar lo que me plazca. ¿Y nosotros? También nos vamos con el viento. Como si fuéramos figuras de compleja papiroflexia. Los días transcurren sin descansar ni un solo instante, queriendo correr para llegar a una meta indefinida. Porque hasta el tiempo es inmaterial como las estaciones. Maldito calor el de agosto. Cuando te paras a pensar en todo aquello que no ves te toman por loco. Ya te lo dijo la muchacha del vestido estampado.-No pienses y disfruta de la vida-. ‘No pienses’, que vaga suposición. Todo dentro de mí me obliga a congelar el tiempo y a observar hasta el primer brote coloreado que anuncia la primavera. Y es de tontos buscar respuestas a cuestiones con poco sentido. Un dí...

Palabrería

Naces y chillas tan fuerte que tu propio lamento inunda la habitación. Te observan con una mezcla de admiración y felicidad intensa y se turnan para cogerte en brazos. Una vida más, el inicio de una vela. Todos y cada uno de nosotros somos como velas amarillentas que se consumen desde el minuto cero; hasta que la llama termina con su absurdo ciclo vital. Indago en el tema con poca madurez, quizá me quiero creer que no somos simples seres con una vida en la que el final se encuentra programado. Me imagino que la vela está sincronizada con el órgano que bombea incesantemente sangre a un lado y a otro. Si el miembro clave de nuestra entraña se rinde, abandonamos rápidamente el acomodado hogar de los mortales, pero no sus mentes. Y adiós a la vela. Se despiden de ti y suena tu canción preferida. Escuchas con una sonrisa tonta cada acorde del piano y la voz de la cantante se apodera de tu mente. Se creen que porque tu vela ha desistido, no estás vivo. Pero se equivocan.  ...