Me encantaría ser un poeta escondido entre papeles y más papeles que le incitan a que coja una pluma y escriba a su chica. Un poeta que piensa que las palabras superan las apariencias y no va a dejar de jugar con rimas hasta saciarse. Que quiere hacerla volar para que toque el cielo sin ni siquiera rozarla. Que sea inevitable que no se enjuague la lágrima tonta con su fino dedo al saber que hasta el mayor de sus defectos-describe el poeta con mirada golosa-la completan. Y enviarle cartas los sábados llenas de puro sentimiento, pero que escriba por y para ella. Que los ojos de la estimada muchacha se aviven y brillen como luces navideñas al leer un ‘te quiero’ transformado en metáfora. Que el filo de sus labios deje entrever sus dientes blancos como perlas y… y que se fije en él un frío día de noviembre. Se acerque y le abrace. Que pueda presumir de ella por la calle aún con los ligeros deslices de su vestido. Y susurrarle al oído sintiendo su aliento cálido que ella y solo ella es y será la musa de sus versos.
“Cojo el bolígrafo como quien coge un bisturí: con precisión anatómica me disecciono y descubro que existo.” (Marcos Díez) Escribir no es mi hobby . Bueno, lo traduzco mejor al castellano, que es más apasionante: Escribir no es mi pasatiempo ni mi distracción ni una mera diversión. Puede que sí sea una inclinación, una propensión, una tendencia, una afinidad, un gusto… Un afecto, un apego, un amor, una devoción… Pero ninguna de estas palabras me convence. Reducen en unas pocas letras un mundo entero. Por ello, aunque no me hayas preguntado, trataré de explicarlo mejor. Y no me quedará otra que pedir perdón a las palabras por haberlas menospreciado y tratar de que se congreguen en este texto para perseguir mi propósito. A ver si las convenzo. Si nos remontamos muchos años atrás, era un bebé al que le encantaban los cuentos. Me negaba a hablar, pero los dibujos y el tono del narrador me figuro que me embelesaban. Algún año después, era una niña leona que pedía a ...
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