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Hastío

El pesado aire está colapsando mis pulmones. A duras penas respiro. La brisa se empieza a convertir en necio y árido polvo. Mi tragicomedia se ha atorado a una garganta desvalijada. Busco vida en mi epicentro, obviando que pronto la magnitud será de nueve. No hay forma más inútil de perder el tiempo. Me creo que salvarse es ordenar tropecientas veces lo mismo. Y no. Ni hablo ni escucho ni dejo que el viento me rodee. Es entonces cuando todo es más cutre que nunca. Cuando me oigo morirme y paso de largo. Sueno a canción de piano arrastrada por las olas. Ese es mi sitio, el no tener sitio. Siempre me fundo en el mismo cuerpo. Me lo llevo todo al infierno, luego lo dejo de nuevo volar, así, de esta manera, nunca me lo quedo. ¿Ves? ¿Me ves? Ya me he ido. Ya he huido. Ya estoy volviendo. La rutina me empapa de odio.
Escribo siempre sobre el mismo laberinto, sobre mi coherencia deshilachada, sobre tantos pasos en falso. Me repito más que la prensa rosa.

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"Paradoja"

quiero hablar a todos de ti que tu nombre haga suyo el espacio y sepan entonces quién es esa mujer magnética y sencilla que a veces habita mi cuerpo. y también tengo la urgencia de ocultarlo todo con egoísmo y torpeza permitiendo acaso el susurro quedo de las letras por las que te llaman en un vago intento de que sepan que tu sendero sacudió el mío circunstancialmente y así el aire no contamina tu imagen de puro óxido y las palabras, siempre huecas y mundanas, no se equivocan al plasmar la esencia de la creación: sin dios ni leyes ni intérpretes ni visitas   levantándose a nuestro alrededor colosal.