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Punto y seguido

¿Y mi corazón? ¿Dónde se ha metido? Me ha abandonado, no me lo puedo creer. Seguro que en cualquier lugar se está mejor que con la sangre de un cuerpo medio vivo intimidando. Un momento, noto algo. Me parece que en su lugar hay un temporizador con uno de esos colores estrafalarios. Me reconforta que algo suene en mí a falta de melodías de mis cuerdas vocales tiesas. Al igual que los órganos. Arañan porque odian el objeto sonoro. Preferiría sangrar por las uñas afiladas de un gato. Esa especie de arañazo inesperado que te afirma que no eres consecuente. Quiero abrazos o gallos cantando y solo hay alarmas hasta en los días no lectivos. Y no voy a buscar amores que despedacen y son pintados de revista.
Vivir deja secuelas, hacerlo sin saber el doble. Es lógico que cada uno enloquezca, viva y muera a su manera. Pero, ¿y si no se encuentra la forma de vivir o de enloquecer? ¿Uno se está muriendo? Seguro que no, será un estado de stand by o de reinicio lento. Quizá lo que cuesta es encontrar la tecla de encender con los ojos tapados y hay que palpar en la maraña de desesperanza.
Las palabras se juntan solas y me da miedo destrozar frases. Creo que no tengo nada que decir y no paro. Los extremos no son buenos.
Si tuviera que hablar sobre mis sentimientos
la
    hoja
            se
              quedaría
                           en
                                blanco
                                                      y
                                                yo
                                          con
                                    mi
                            vacío.
Si engañáis a un folio tenéis un problema.
Ah sí, que ya es marzo y no el noviembre siempre triste de la canción. La diferencia es que a mí nadie me propone guerra. Y mejor.

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