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Amor maldito

Puede que la solución sea despojarme de deseo. Arrasar mi propio cauce, desbordarme, que mi caudal reviente y con él se disipen las contrariedades. (Pero, ¿cómo? Yo soy la mayor contrariedad. Mi defecto más aceptado.) Entonces, no escucharía cómo la escacharrada bombona de sangre centrifuga mis aristas. La paz me acariciaría los dedos de los pies con prudencia, no sentiría el ímpetu de lanzarme sin prever las consecuencias. El murmullo del sueño me acorrala. Parece que algo va a estallar sin estallar nunca. ¿Me explico? Bueno, en verdad me da igual no hacerme entender. Escucho mi propia cuenta atrás decreciendo y estirándose -como las mareas- sin reventar nunca. Ven y termina de ahumarme de negro con tu luz celestial. No me rompas a medias. Tan involuntarios tus actos cotidianos. Tan involuntaria mi pena. Corre. Hazlo al completo. Quiero ser las trizas de una hoguera, la última exhalación de la muerte, oler...

Lista de brechas

Tendría que estar sumida en un sueño absurdo, pasional, roto, carnal, enteramente ficticio, perecedero, y no. Escribo porque. Mira, no sé, necesito que me eleven, que mis pies se liberen de sus jaulas, levantarme, más  arriba, así, ¿ves? Subir tanto que no me den miedo las alturas. Subir aún sabiendo que si corazón  y silueta atraviesan el suelo, huele a letal y palpo añicos de mi ser en una calzada, no ha sido en vano. Escribo porque. Los segundos se marchitan grises, se despiden sin un pañuelo blanco, grises las horas muertas me abrasan. Soy un gris teñido del color de las flores. Escribo porque. La incertidumbre me deja tendida, inmóvil, apalancada en la cuneta del progreso. Me observo y, aunque a veces dude, confío, me enfrasco en el títere de mi cuerpo como refugio. Un refugio sin protecciones ni manuales ni principios ni cordura. A pesar de ello, incluso siento una golosa sensación de soleda...

Decadencia

Apenas acierto cuando desdibujo tu ropa y la tiro al suelo, ya sabes, como si solo me quedara una noche de vida. Y quisiera hacer volar por los aires las limitaciones, la moderación y las señales de precaución. En mis últimas horas me aguachinaría de vicio. Créeme. Calaría mi mente de luto, me guiaría la bombona de mi pecho. Chillaría que te quiero en cualquier arcén de metro rodeada de putrefactos corazones. Engulliría todos mis papeles para no dejar en un cajón las penas que sobrevuelan mis venas y se incrustan con frialdad. Desaparece, no, así no, no te muevas, quédate siempre digo. Todos nos sentimos muertos, somos ocasos en las manos incorrectas, la crónica de un suicidio, una cuerda rota. Diría que no me importa. Sé mentir, a veces, casi nunca, en una urgencia premeditada. Me censuro, precinto mi ser, bebo mucho café, ataco a los partidos políticos y me dejo llevar. ...

Positivo martes

Me siento afortunada. Hay momentos que son luz, te zarandeas en una cumbre idealizada, crees tener poder, tu corazón suena a risa. Nada te para, nadie se entromete, eres tú y tu energía. Rozas esponjosas nubes de placer con los dedos. Y te das cuenta de que la vida es más incoherente que tú. Respiras paradoja, te mueves a deshora, discuerdas entre el gentío. Somos cima y fosa. Aire e inigualable bochorno. Creo que hay que encontrar la armonía de las horas dulcemente caóticas. Tengo suerte. Conozco a personas que son la savia que necesita mi árbol pelado de hojas. No se van aún con quince motivos atados a la muñeca y la puerta delante. Y eso que desnudo con mi huracanado viento, y me cuelgo de sus ramas de puntillas, y lleno de quejas cualquier tronco, y les recuerdo que a poquitos soy comprensiva, y en exceso, tóxica. Por si no lo recordaban. Y siguen sin hacer las maletas. Las letras se han incrustado por to...

Me desenmascaro.

No me importaría que una tormenta perforase cada uno de mis poros. Pensar solo en empaparme. Pasar frío. Piel de gallina. Mojarme hasta las costillas. Quedarme desnuda como si un pintor quisiera plasmar mi esencia. Pisar charcos con mis descuidados pies. Chillar al encapotado gris que no me asusta. No ser. Abandonarme, dejarme varada en el pasado. Seguir gritando. Ahogarme en mis lacrimales. Calarme de diluvio y no de pena. Sumergirme. Buscar el tesoro. Tragar agua. Encogerme con pasividad. Atragantarme. Ser arropada por un trueno. Reírme fuerte. Muy fuerte. Reírme falso. Reírme sucio. Hacer ruido. Llenar la calle de ruido. Hacerme ver. No, no hay nadie que me vea.  Ahogarme porque mientras me ahogo solo pienso en salvarme. Me doy otra oportunidad de las noventa y nueve que ya he mendigado a la manga. Me invado de cursilerías dichas en voz bajita (por si surte efecto). Dar patadas a la borrasca en vez de propinar golpes a muros de hormigón. No sangrar, no grita...

Existo.

Un universo late en mi pecho. Soy incapaz de interpretarlo al detalle, pero sí de sentirlo. Suena como un murmullo desinteresado. Algo ruge porque desea ser escrito. Desconozco coordenadas, causas y consecuencias. Vibro. Suena. Mi alma es ese vagabundo que busca amor en besos. Escucho. Nadie oye. Rastreo pasión inexistente. Me rasco las entrañas y me obligo a querer antes de quererme. Y me obligo a querer a quien no quiero. Musa solo hay una. No soy poetisa. Musa,       una. Dos son multitud. Dos es no retratar a ninguna. Mejor que Beatriz para Dante. Huracán y paz. Vendaval de palabras y silencio. Es marcha, energía contenida, potencia. Es pausa, flaqueza de domingo. Es una rompecorazones compasiva. Seca, cortante, huye del contacto. Se derrite en manos contadas. Es pasión en corazón azul. Grito arrancado y susurro. Musa a la que quieres con odio. Trabalenguas, lioso laberinto. Ella es poesía, melodía, bris...

Conviene darse cuenta.

"quiero que me relates el duelo que te callas."- Mario Benedetti. No suelo ser explícita. Me enredo en mis enigmas. Ni yo me descifro. No existen mapas, ni brújulas, ni manuales. Se necesita paciencia, tres portazos, diez u once de mis negaciones a ensanchar el alma para que puedas sumirte en ella. Todo está arrasado. Arrasado de amor, de ganas. Arrasado de vida, de simpatía tímida. Es una lucha encarnizada, de intereses, sin botiquines. La batalla de pisar corazones. Quien más masacra no es el más fuerte. Eso es lo único que he aprendido. De desmembrar almas con ápices de inocencia. Es consumirse sin terminar de morir, morirte y seguir consumido. O matar porque necesitas volver a la vida. Tregua . No quiero ser tan bárbara cómo para aplastar porque a mí me aplastan. Los corazones necesitan manos protectoras, no puños rebeldes. Que sí, que nos han roto unas cuantas veces. Y las partes ...