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Aclaro que quiero en exceso

Nadie me versa ni me besa ni me recita absolutamente nada. No me separo de mis libros de poesía porque me dan la vida que otros me quitan a golpes. Hace tiempo que no espero que me quieran a lo grande. No se dejan la piel por mí y la mía está hecha tiras. No me vale, no, no vale. Considero que los sentimientos han de ser como fuego a veces. Querer es sufrir un poco. Nunca he sabido querer sin excesos. Se me va la vida queriendo (en lo que tardo en coger aire, encarcelarlo y devolverlo al cuarto). Aún sigo esperando que Beatriz me lea en voz alta con la marea igual de alta de Murcia. (Hablaría del trasiego de las olas bravas y espumosas de fondo pero es algo casi inexistente en esos lares.) Escribo como si delirase; las palabras no encuentran ningún obstáculo para saltar del habitáculo de mi revuelta cabeza al papel. No las paro. No tengo fuerzas. Me compadezco de Lorca cuando dice "¡Ay qué trabajo me cuesta quererte como te quiero!". Es verdad, cuesta una tristez...

A mí

De vez en cuando la soledad se posa en mí y trata de acicalarme. Colgándose de mis orejas, por ejemplo. Enredándose en mis horizontales curvas para que parezcan voluptuosas. Enredándose en mis ojos con un brillo opaco. De vez en cuando la soledad se posa en mí y trata de acicalarme. Y el resultado es una palidez de fantasma y unas ojeras huecas. Es una dama boba e infantil. Vive de contradicciones, de improbables, de imposibles. Camina por un sendero de carteles invertidos y señales inventadas. Y, en cierta parte, me identifico. Trata de poseerme como si yo fuese ese maldito territorio sin conquistar. Como si yo estuviese subordinada a ella. Como si yo fuese esa piedra inerte que no se queja cuando la ahogas en un río. Me canta como las sirenas cantan a los marineros malolientes y agotados. Me canta y no siempre caigo. Hasta que las paredes se zambullen en mí y no me da tiempo a protegerme de mis miedos. El resultado es una palidez de fantas...

Si decides marcharte

"moi je t'offrirai des perles de pluie venues de pays où il ne pleut pas//yo te ofreceré perlas de lluvia llegadas del país donde no llueve."-Jacques Brel. Si algún día decides marcharte, sé concisa. No te enamores de conjeturas módicas. Simple y llanamente pon tu mirada de alerta en mis pupilas caramelo. Acto seguido, pronuncia todo lo que no me gusta ni un pelo imaginar. Me desarmaré, seguro, y te pediré ochenta justificaciones. Más que aclarar, pretendo que calmen, en vano, mi agitada marea. Todas esas idas y venidas de ideas furiosas que creas de forma tan tristemente sencilla. No sé si esto es un escrito o un manual de instrucciones de pacotilla. Si recapacito un poco, te comprendo. Si te imagino es libre, solo libre. ¿Lo captas? No te obligo a quedarte conmigo, te obligo a que nadie te corte a navajazos el vuelo. Hay tanto cielo que aún no conoces  que no puede congelarte el miedo a las altura...

El verde es oscuro.

Si no te van a estallar hasta los ventrículos de tanto quererme, no quiero que me quieras. Para eso yo ya sola me quiero. A medias, claro. Con esa especie de puntería distorsionada que nunca te permite acertar.   Y, aún así, lo intentas. Me frustra no poder describir la lentitud con la que el curso de las cosas está arrasando cualquier resquicio de luz con vistas a un futuro placentero (que hace tiempo que evito con todas mis fuerzas). Tengo miedo. Mis pies se convierten en esas raíces que van a parar al suelo y acidifican el terreno. Nacen hojas por mis piernas; se eleva esa prometedora enredadera que el jardinero mira con júbilo atragantándose con su vano mérito. Se retuerce por mis caderas con una fuerza atroz, la respiración se atrinchera en mis pulmones, mi frágil piel se viste de morado. Me doy cuenta de que cada vez estoy más verde y más anclada en algo que detesto. Recibo numerosos estímulos exte...

A ti, mi fiera

Sus brazos son frágiles llamadas de emergencia. Son esa especie de susurros amordazados que luchan por pasar desapercibidos. Lo supe cuando me asomé por el extremo izquierdo de su cama y se abalanzó como si yo tuviese la cura de todo. No solo eso, como si yo pudiese erradicar hasta el hambre. Me detengo en sus dedos. En esas rebeldes melodías que salen de sus dedos. De observarle frente al atril sintiendo un poco la vida. Sus ojos son candelabros atestados de decepción y cierta pasión asomando. Yo le miro y él me copia. Nos reímos para llenar la vacía estancia de algo más que frases monótonas y alguna mala contestación. Su pelo reluce como el oro. Cuando se lo embadurna de champú porque la pereza no le ha robado su propio papel de actor tirillas. Ya me entiendes. Bueno no, quizás no comprendas absolutamente nada. Puede que ni leas tales palabras. Su sonrisilla brota sola a veces. Le hace sombra al fuego, al mar...

Prisas

Ayer la lluvia invadió con violencia las calles de Madrid. Hoy he conseguido otear alguna que otra gota y he sacado de la manga un verdusco paraguas sin gracia. A mí, sin embargo, me invade el nerviosismo con la misma violencia con la que la borrasca se abría paso entre las aceras. Soy inercia o un saco de nervios tan desaliñado que quemo. No, no dejéis que la pasividad os atropelle. No confiéis en su mirada pura e inocente. A fin de cuentas es una víbora (y yo el blanco más fácil del siglo). Escribir es palparte los boquetes con el dedo índice y escupir el tormento. En mi caso, claro. Es salvavidas, pozo y tachones. No pretendo nada. Son las palabras las que me buscan mientras yo intento concentrarme en mi maraña de quehaceres. Y siempre, siempre ganan. Chillan en mi tímpano que desean ser plasmadas; yo las lanzo contra el papel sin apenas pensar. Lo recalco. No lo busco. Surge. Hablo de la misma química que nac...

Suerte y daños colaterales

Pequeña, has amortiguado cada una de mis agrias caídas. Me dijiste con ojos de madre que todo pasaba, que no te ibas a ir. Has visto valentía en unas cuencas vacías. Te has amarrado a mis huesos rotos. Has encontrado un tesoro dentro de una silueta sin fondo. Aún no me sé tu truco. ¿Por qué ignoraste los daños colaterales? Entablar amistad con un campo de minas resulta peligroso. Me quieres. Hago cómo que no me lo creo y mi cabeza vuela como si no existiesen lastres. Me lo repites. Agregas muchas más cosas. Me encanta oírlas. Asiento por inercia. Te digo que te quiero. Se nos va la vida entre cervezas baratas. Dime que a pesar de la fugacidad de las cosas vas a parar el tiempo. No quiero que los años asolen nuestra magia, que todo se convierta en un intento vano de algo. Podemos. Siempre he creído en tus poderes. Más que en tus poderes, he creído en ti. En ocasiones te he obligado a ser la heroína q...