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Babilonia

No rebases la línea desdibujada que separa cuerpo y cuerpo si no quieres ser otro experimento macabro más. Cantaré como una amenazante sirena en su bahía de lagunas. Querré pieles frescas, nuevos aromas. La causa incausable de mi maldad no será otra que mis carencias y mis malas gestiones emocionales. Mis ojos no abrasarán de deseo. Acaso parecerá que te miro maravillada y que tú eres la esplendorosa muralla de Babilonia elevandote frente a mí. Mi óptica se distorsionará y creeré, o me obligaré a creer, que te necesito para abrigar mi periferia y mi sangre con adobe pulido, con adobe benevolente. Con aquel que emana de tus tripas. No soy capaz de amarte. Caeré en dolorosas dudas y me compadeceré de ti como perro abandonado. Seré Penélope, tejiendo y destejiendo un entramado de exculpaciones para que me perdones, o mejor, para limpiarme de pecados. La imagen mental que creía que te retrataba no es otra que Pompeya. No soy capaz de amarte. Querrás un beso y mi lengua de fueg...

Mi pájaro

“Se olvida pronto, se olvida el sudor tantas noches, la nerviosa ansiedad que amarga el mejor logro llevándonos a él de antemano rendidos sin más que ese vacío de llegar, la indiferencia extraña de lo que ya está hecho."- Gil de Biedma. Me he bañado en arcilla de rassoul y coco y, al rato, la pena ha anidado en mi garganta. Las ramas han herido con violencia a mi pájaro azul, instigándole a pronunciar aturdidas sílabas. Inevitablemente me he acordado de Bukowski: "hay un pájaro azul en mi corazón que quiere salir pero soy duro con él, le digo quédate ahí abajo, ¿es que quieres montarme un lío? ¿es que quieres fastidiar mis obras? ¿es que quieres que se hundan las ventas de mis libros en Europa?" Mi pájaro ha cedido. Se ha manifestado con un grito ahogado a la hora de comer carne guisada. Me saturo dentro de mi pellejo. No soy capaz de analizar, pensar, objetar nada al respecto. Más que felicidad quiero ser la calma de las olas. Olas libres y es...

Soliloquio I

No sé muy bien qué decir. No confío mucho en mis habilidades, por desgracia. Recalco que esto no es para captar la benevolencia de mi público inexistente antes de empezar el discurso. Creo que los pensamientos insanos son muy diestros y se escapan de la caja que los contiene para trepar por cada territorio vetado. No cabe duda de que son enredaderas que te oprimen la faringe, la laringe, el pecho, la cabeza o incluso el estómago. No, no sé ni de biología ni de inteligencia emocional para principiantes. Puedo justificar mi respuesta: soy de letras y bebo de dos macabros sentimientos; la apatía y el interés desbordante. O, lo que es lo mismo, la desaliñada indiferencia y las ilusiones contraproducentes. A veces, no entiendo ni soporto nada y doy a luz al odio. Sin embargo, no todo es tan dramático como parece. Resulta que estoy tocando el amor con los dedos y aún no me acostumbro a su meloso tacto. Lo confieso. Soy feliz, sí, pero, alguna que otra vez, mi cuerpo no es vehículo sin...

Espontaneidad descarada

No vais a ser vosotros los que... A ver, no, no me vais a encasquetar un yugo de imposiciones que no me representan. No voy a limar los vértices de mi molde hasta que su forma varíe. Ni os obsequiaré con ese proceso de metamorfosis. No voy a seguirle el juego a víboras que tratan de encaramarse a hombros ajenos para subir, así, despacito, a tus sesos. Que no. Que no es mi culpa que no tengáis unas mejores vistas, ni vida, ni un proyecto de vida, ni nada que se le parezca. Me quiero libre, me quiero entera y me quiero mía. Prefiero no ser partícipe de sornas injustificadas, críticas, ignorancia y cuchicheos que apestan a jugos gástricos. Algunos sois una especie de bucle de cosas que dan pereza y que no me preocupo por descifrar. Pertenecéis a círculos de cromañones, de hedor tradicionalista, de mentes con polvo y sin flujo sanguíneo. Hoy me he acordado de Isabel. Cuando miro a la mamá de mi madre a los oj...

Intimismo

"a vosotros pecadores como yo, que me avergüenzo de los palos que no me han dado, señoritos de nacimiento por mala conciencia escritores de poesía social."- Jaime Gil de Biedma. Cuando me necesito no estoy. Cierro el corazón y me arropo con mi desnudez. No opto por acariciar a la fiera que me araña con una sonrisa de mentirijilla. No hago las paces con mi áspero antagonismo porque creo que no soy yo la que me duelo. Pues he de aclarar que: sí, soy yo, yo me duelo. Por mucho que cueste hacerse a la idea. Descanso en mí misma como si fuese esa vieja amiga que nunca te traiciona mientras me excuso hasta por respirar. "Oye mira que...nada." Me acaricio la piel fresca como si no me hubiese querido mal. Como si mis dedos no fuesen cómplices de auto-estropicios. Y lo siento pero los hundo en mi tersa blancura como intentando disculparme con gesto de madre. "Oye que..." En ocasiones me encuentro en el espejo y María y su proyección parecen distintos cue...

La tontería de las 23:09

Ansío tanto la paz de la montaña como Alberti el mar. Las prisas de Madrid atropellan a cualquiera. No nos dejan respirar. Dispones de cinco y quince y cien bocanadas de aire puro si vas al norte. En estaciones de tren solo veo cuerpos agotados con biorritmos mecanizados. Es todo tan rítmico e insano que, a veces, me asusto. El autobús, quizás, decida que llegues tarde. Claro, las horas se pierden con el aliento entrecortado de la carrera que te pegas porque es tarde, tardísimo. Las ojeras se coleccionan como los cromos en caras que parecen muertas. Qué calor de humanidad pegado a mi jersey, qué ventisca nos sacude en plena calle. Regresadme. Devolvedme al norte, aunque no sea mi hogar; a falta de poder pernoctar a unos brazos de mujer. Hacedme volver ahora que nadie me estrecha con calidez. Ahora que estoy sola y nadie se enamora de mi escala acromática.

Aclaro que quiero en exceso

Nadie me versa ni me besa ni me recita absolutamente nada. No me separo de mis libros de poesía porque me dan la vida que otros me quitan a golpes. Hace tiempo que no espero que me quieran a lo grande. No se dejan la piel por mí y la mía está hecha tiras. No me vale, no, no vale. Considero que los sentimientos han de ser como fuego a veces. Querer es sufrir un poco. Nunca he sabido querer sin excesos. Se me va la vida queriendo (en lo que tardo en coger aire, encarcelarlo y devolverlo al cuarto). Aún sigo esperando que Beatriz me lea en voz alta con la marea igual de alta de Murcia. (Hablaría del trasiego de las olas bravas y espumosas de fondo pero es algo casi inexistente en esos lares.) Escribo como si delirase; las palabras no encuentran ningún obstáculo para saltar del habitáculo de mi revuelta cabeza al papel. No las paro. No tengo fuerzas. Me compadezco de Lorca cuando dice "¡Ay qué trabajo me cuesta quererte como te quiero!". Es verdad, cuesta una tristez...