jueves, 25 de septiembre de 2014

Tiritas de dinosaurios.

Solemos colocar el corazón ante la mirada curiosa del resto, cómo si se estuviera exhibiendo, y resulta tan fácil que lo destrocen sin piedad. Aún notas como estalla en silencio, los pedazos se caen. Uno a uno. Aprovechando cada milésima de segundo. Y no encuentras a nadie que te regale una mísera tirita. Buscas en Internet con desamparo, sabiendo que un estúpido teclado no hace maravillas. Tampoco hay servicios de corazones rotos. Ni sistemas que cubran daños.¡Qué tontería! -Suerte que aún existe la pizza y la zona de chocolates de los supermercados-dibujas una leve sonrisa hasta que el rostro inexpresivo vuelve a apoderarse de tu tez blanca. ¡Ojalá se pudieran aniquilar los sentimientos! Y se acordó de ese mensaje que recibió un día cualquiera en un mes poco importante: ''soy como un mar.'' Sí, efectivamente ella también era como un mar, a veces se mantenía en calma y otras se revolucionaba y mostraba sus aguas bravas. Los bañistas entran y salen, pocos se quedan. –Quizá necesite una puerta para que les cueste más abandonar el cálido umbral.-Mar, mar, mar. Eres un mar que puede con todo y nada a la vez. Un mar con una actividad entorpecida por las críticas, pero difícil de derrotar. Un mar que está falto de tiritas de dinosaurios.