sábado, 20 de febrero de 2016

"Solo me queda la ceniza. Nada. Absuelto de las máscaras que he sido, seré en la muerte mi total olvido."-Jorge Luis Borges.

El escandaloso viento te paraliza el cuello. Rebates el uso de guantes y tus nudillos lloran sangre seca. El pelo se descoloca con rebeldía de su sitio. Te hundes en una monotonía trastornada, tangible y abrumadora. Existencia superflua. Cutre contingencia. Levantas una montaña de libretas estampadas y vírgenes. No encuentras un signo, una señal, tampoco un libro que te cautive. Se acumulan antologías de poemas sueltos. Libros de posguerra olvidados, angustiosos, solitarios.
Solitaria de ti. Qué bien se te da deslizarte entre las sábanas con los ojos cerrados y las venas marcadas. Qué bien se te da buscar en sitios que no albergan absolutamente nada. Eres indómita. No eres la lolita de papel de nadie.
Escribes por impulso. No buscas concordancia. Ni sentimiento. Ni sentido. No buscas nada.
La vida es la marea que arrastra todo lo que un día creíste tuyo. Pero no, nada te pertenece, cielo mío. Parece acercarse pero es independiente, gira en diferentes radios y no te necesita, no te necesita, no. Te necesitas tú, más que nunca.
Andas a deshora, el aire está contaminado y la nicotina te arrastra. Te pierden curvas que parecen lejanas. O peor, te pierden curvas que son imposibles. Imposibles, imposibles. Sigues sin aceptarlo. Te quedas en segundo plano en la propia historia que te inventas.
El tiempo se muere entre tus dedos, qué novedad. Tiene la enfermedad irreversible de expirar. Enfermo y calculador. Te concede lo que le parece conveniente y te acaba arrebatando todo. La marea conduce mar adentro todo menos los complejos, en resumen. Has de saberlo.
Qué vas a saber de amor. Si miras a las parejas con mirada incisiva. Si huyes de cualquiera que se te acerca con intenciones de quitarte todo menos los miedos. Si solo te declaraste una vez y el resultado fue nefasto. Y te quedaste en medio de la acera con una nota perfumada con el "no" rodeado y las ganas apaleadas.

martes, 9 de febrero de 2016

Me rebelo contra.

¿Quién no se cansa de este mundo tan estúpido?
La polución destroza los pulmones, pero respirar violencia nos hace bárbaros.
Que no. Que no quiero.
No quiero ir paseando y encontrarme a un hombre en la basura con las cuencas vacías y el estómago intacto.
Ni ver cómo una familia tiene que agenciarse un salario mínimo interprofesional de mierda para todo el mes.
Los estudios son sinónimo de rivalidad y se tiran por la borda los valores. No se educa, se esparce teoría como si fuesemos gallinas hambrientas.
Y me niego.
Me niego a ver en las noticias que un niño ha ahorcado su último resquicio de vida porque no soportaba ir al colegio.
Me niego a que se reproche a las víctimas y no se enseñe al agresor. A que se exija a las víctimas qué deben o no hacer para que "no salgan mal paradas."
Me niego a ver cómo los insultos sobre el peso terminan con jóvenes postrados en la cama de un hospital. Con jóvenes que se tocan la campanilla con los dedos y lloran al ver su reflejo en el espejo.
Me niego a que dos gays no puedan besarse apasionadamente en el metro sin que venga el estúpido de turno a berrear incoherencias. Y peor; que ese estúpido de turno sea el padre que lleva a sus hijos a los toros, porque claro, es mejor ver como la silueta oscura de un animal, que debería estar en el campo, chorrea ríos de sangre. Porque es maravilloso humillar a un toro hasta matarlo con gritos de admiración, y calificarlo como "tradición".
Me niego a ver cómo los políticos se limpian los mocos con los intereses de la ciudadanía. Es asqueroso ver cómo disparan ofensas contra partidos ajenos y se remolonean de que la situación va a cambiar. 'Va a cambiar', la perífrasis más populista y asquerosa de todos los tiempos.
Las agresiones xenófobas. El duelo macabro de los inmigrantes que mueren ahogados en el mar de los horrores. La acción macabra del terrorismo. El matar por matar. El robar a alguien lo más grande que tiene por puro chollo. Usurpar la vida de cualquiera porque eres un patético y bestia kamikaze.
Me dijeron hace unos días que había más de treinta guerras iniciadas. Y es maravilloso como los medios de comunicación maquillan la realidad y cuentan solo lo que les parece conveniente. Sin olvidar la de vueltas que da la prensa rosa a la misma novedad de siempre, que me importa un bledo.
Odio que las mujeres sean tratadas como objetos sexuales. Las violaciones y que un "no" sea derribado fácilmente. Que hundan en tu blanco cuerpo unas garras de depredador descarado. Ser humillado y que el peso del mundo te ahorque.
No poder salirse de lo que se considera "lo apropiado" para no ser la diana de cuchicheos de copias baratas e ignorantes.
Odio que menguen vidas, derrotadas por el hambre. Que menguen vidas porque una enfermedad carcome cuerpos rendidos
    y nadie facilita una vacuna.
Podría seguir odiando durante siglos todo lo que empaña el progreso.
Odio, además, que se rompan libros. Que no sepáis nada de literatura y critiquéis hasta las comas de una obra magistral; y mucho más interesante que toda vuestra vida junta.
En fin. Me encantaría que fuesemos más humanos. Solo eso.